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domingo, 6 de marzo de 2011

carnavales

Ya estoy en casa, en el sofá, descansando del fin de semana. Ayer, salí con mis amigas en A Coruña para celebrar el carnaval. Cenamos y luego salimos de fiesta, y por la calle se veía a casi todo el mundo disfrazado. De pronto, ves que mucha gente se disfraza de sus dibujo animado o ídolo favorito de la infancia, y no solo los niños. Digamos que los chicos y chicas de nuestra edad también se retrotraen a la infancia, y de pronto ves a alguien disfrazado de Arale, un grupo de desollinadores y a Mary Poppins, o los lagartos de V. Nosotras no fuimos menos, y directamente nos disfrazamos de niñas pequeñas. Imaginaros, cinco niñitas con mandilones de colores chillones y dos coletas con los lacitos a juego, coloretes, pequitas y una piruleta tan grande que nos podíamos esconder la cara detrás de ellas.
Pero, ¿qué hacían estas niñas en la infancia en carnaval? Pues yo, seguía la tradiciones de mi aldea. Te disfrazabas de "choqueiro" (dudo que haya palabra en castellano para este concepto), es decir, una falda de tu abuela, una camisa de tu abuelo, el mandil de tu tía. La cuestión era ir los más irreconocible posible, así que careta que te asfixiaba, y un palo para alejar a alguna persona indeseable que se acercaba alejarlo. Ni que decir tiene que no engañábamos a nadie, y todos nos conocían, aunque cada vez que nos intentaran hacer hablar movías la cabeza como una loca diciendo, ¡no, no, no! Pues así nos juntábamos algunos niños y niñas, con aquellas pintas de andrajosos y harapientos e íbamos casa por casa para pedir. Si, como si en navidad fueras a pedir el aguinaldo, pues la tradición en mi aldea era esa, ir a pedir, supuestamente filloas y orejas (ambos postres típicos de la época en Galicia) pero realmente te daban dinero, bueno dinero, alguna monedilla, si llegabas a los 20 duros, e decir, 100 pts (al cambio unos 60 cents de €) a dios gracias. Pero bueno, ya juntabas monedillas para los chuches del domingo. Pero creo que nunca nos llegaría para comprarnos una piruleta como la que llevábamos ayer.

martes, 4 de xaneiro de 2011

mi ciudad


Vivo en la ciudad que está al final del camino, bueno, de los caminos, porque hay varios. Una ciudad donde dicen que la lluvia es arte. Esa persona seguro que no ha vivido aquí. Es verdad que mi ciudad con sus calles mojadas y de noche, tienen un encanto, una magia indescriptible, pero la lluvia no es arte. Aquí la mayoría de veces llueve de canto gracias a un viento que suele ser helador, un frío húmedo que se te cuela por la piel y los huesos y se te cuela hasta el mismo corazón. Una lluvia que hace que camines encorvado y encogida, tensa, tan tensa que cuando te das cuenta te duelen los músculos, así que permítanme disentir, en que la lluvia es arte.
En mi ciudad hay una catedral. Final del camino de los peregrinos que recorren los caminos para ganar su jubileo. Caminos que un "año xacobeo" se tornan más poblados, como lo ha sido el año que recién terminó. Para que no lo sepan, el "año xacobeo" es cuando el 25 de julio, día de Santiago Apóstol coincide en domingo. La catedral de mi ciudad tiene diversos estilos artísticos que ha ido acumulando a lo largo de los siglos en los que ha sido construida. No sé de arte, así que para saber más de ella, seguro que en la wikipedia hay información.
Tres curiosidades de la catedral si que os voy a contar. Una de ellas tiene que ver con el "año xacobeo" ya mencionado. Eses años se abre la denominada Puerta Santa. Es una puerta cerrada a piedra que se abre el 31 de diciembre del año previo al xacobeo y se cierra el mismo día del año siguiente. Ese año todos los peregrinos entran por esa puerta, dicen que ganan realmente el jubileo y le son enmendados sus pecados. Hay numerosos rituales, entre ellos cruzar la puerta haciendo tres cruces o rezando, permítanme diciendo "no sé que".
Otra curiosidades que hay en la catedral, es una figura del Apóstol Santiago a lomos de un caballo blanco con una espada cortando cabezas de moros, es el llamado Santiago Matamoros. Debido a los lamentables atentados islamicos sucedidos, algunos (no se quién) pidió que por respecto se retirara la figura, cosa que no pasó. Sin embargo, la solución ha sido poner muchas flores sobre la base de la figura y tapar las cabezas sangrantes.
La última curiosidad está en la denominada "Pórtico da Gloria". Diseñada por el Maestro Mateo, que ante la visión de que había echo una obra maestra optó por firmarla con su cabeza en alguna parte del proyecto previo. Eso parece ser que a la Iglesia no le gustó y optaron por poner su cabeza hacia el altar mayor como si estuviera de rodillas pidiendo perdón por su osadía. La costumbre popular, hizo que se instaurar un ritual, que era apoyar la mano en una de las columnas del pórtico pidiendo un deseo y luego dar la vuelta para darte unos golpes en la cabeza del maestro a ver si te pasaba algo de su inteligencia y se cumplía el deseo. Ni que decir que o me dí muchos "croques" en esa cabeza, pero no creo que el maestro me pasara mucho ingenio del suyo, seguí siendo una pésima estudiante. Deciros que debido al estado de deterioro que estaba teniendo tanto la columna como la cabeza, ese ritual fue prohibido.
Tiene mi ciudad una zona histórica que es inmensamente bella (permítanme la licencia), que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. Varias calles son las famosas y más turísticas, entre ellas la "Rúa do Franco", famosa por sus bares de vino y restaurantes donde te cobran muy bien el marisco, ¡vamos! para sablear a los turistas. Pero la calle que a mi más me gusta es la "Rúa de San Pedro". La calle por donde llegan la mayoría de los caminos, siendo el último tramo del camino desde la penúltima parada en el "Monte do Gozo". Es un calle de casas más bajitas, de piedras, más típicas de una aldea que de una ciudad, con tiendecitas familiares, panaderías, alguna que otra tasquita, personalmente, es la que más encanto tiene para mi.
La ciudad de la que estoy escribiendo, es mi ciudad adoptiva, donde vivo desde que tengo doce años, a la que realmente siento que pertenezco. Mi ciudad es Santiago de Compostela.

sábado, 1 de xaneiro de 2011

feliz año a tod@s


Ya estoy despierta, de la noche en la que celebramos la nueva entrada de años, como todos los años. Cada cultura, pueblo, persona tiene una forma de celebrarlo, y aquí en España, también tenemos la nuestra, con nuestras supersticiones.
Personalmente, empiezo la noche cenando con mis padres, esta vez los tres solos. Una cena parecida a la de noche buena, tres marisquillos, una carne asada, y postres típicos de la temporada. Comenzamos a comer a eso de las diez de la noche, no vaya a ser que el cambio de fecha nos pille aún dándole a los carrillos, bueno de la cena, por que los Españoles, o la inmensa mayoría comenzamos el año comiendo doce uvas al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol (foto).
Lo de tomar las uvas es todo un ritual. Te pones delante de la tele, con las uvas ya preparadas anticipadamente y seguro que recontadas unas cuantas veces, para asegurarte que no te falta ni una. Comienzan los presentadores, felicitando el año, hablando un poco, y como cada año, explicándole a los telespectadores lo mismo de siempre, como son los sonidos del reloj, que a esta altura de vida, ¿habrá alguno que aún no se sepa tomar las uvas al son de la Puerta del Sol?. Pues así estamos, como dice una canción, todos los españolitos, pendientes de los sonidos del reloj. Cae el carrillón con su musiquita (tiritiritiritiritiriiiiii), y luego los cuartos (din-don, din-don, din-don, din-don) y ahora las campanadas (dong, dong, dong, ..., hasta doce) y con cada dong una uva. Si te las tomas todas, tienes suerte todo el año entrante. Pobre mi madre, que a la sexta uva le dió la risa y solo tendrá suerte la primera mitad, que será de su segunda mitad.
Así empecé el año, comiendo mis doce uvas.
¡FELIZ AÑO 2011!