sábado, 26 de febreiro de 2011

el miedo

Según la wikipedia, el miedo se define como: "una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano."
Heredamos esa emoción básica del instinto animal que como tales aún conservamos del miedo al depredador, una emoción, que hay que decir era el aviso para la activación de los mecanismos de defensa de evitación o huida. Mirar si es básica, que el miedo neurológicamente está situado en el sistema límbico, el cerebro más primitivo que conservamos los seres humanos a través de la evolución.
Pero, eso, los humanos evolucionamos, y nuestras emociones con nosotros, y ya no es solo tiene la función de alerta para la supervivencia y adaptación al miedo. Nosotros, los seres humanos, que todo lo racionalizamos, también mezclamos la emoción básica del miedo con la complejidad del pensamiento. Lo que nos llevó a que pasara de ser de emoción básica a una compleja emoción. Ya no sólo tenemos miedo a los depredadores sino a nosotros mismos.
Uno de los miedos que tenemos las personas, el más grande -seguramente- es la pérdida de un ser querido. Es adaptativo de cara a la supervivencia, mayormente no, es más, puede llegar a ser muy desadaptativo, dependiendo de las consecuencias a donde se puede llegar con ese miedo. Se puede llegar a racionalizarlo -o desracionalizarlo- de forma tan extrema que ese sentimiento puede llegar a destruirnos, y no solo a nosotros, sino a la gente que nos rodea más íntimamente.
Pero los seres humanos hemos evolucionado, no solo en el miedo, sino también en combatirlo. No solo tenemos los mecanismos de evitación y huida, que para nosotros incluso sería los dos peores mecanismos en ciertos momentos, sino en enfrontarnos a él. Disponemos de mecanismos más complejos para hacerle frente. Simplemente hay que conocerlos y lo más dificil usarlos.
Pero, ¿cómo?. Primeramente, debemos saber el "sentimiento desagradable" que la emoción de miedo nos provoca; soledad, angustia, rabia, ... Muchos de ellos, fáciles de disminuir o incluso hacerlos desaparecer, con acciones como compartirlo o realizar actividades para descargar todas las sustancias nocivas que provoca físicamente sintamos esa angustia y rabia.
Sé que las madres que leen este blog, sienten estas cosas ante la posible pérdida de sus hij@s, digo madres, porque aún no he tenido consultas o comentarios de los padres, pero seguro que muchos habrá. Ceñíndome a un caso concreto que me han comentado estos días, y cuya madre siguiendo mi consejo de "nunca lloreis delante de l@s niñ@s", se puede llegar a acumular mucha angustia y rabia (mayormente síntomas fisiológicos) que por falta de tiempo, ayuda, ganas o lo que sea, no se contraatacan, por lo que se van acumulando y acumulando, y el sentimiento desagradable aumenta progresivamente, lo que puede llegar a ser muy nefasto en ciertos momentos, y en ciertos momentos críticos donde ya se debería haberse desecho de los mismos para tener tranquilidad y esperanza.
Suelo recomendar a estas madres -pero pueden practicarlos padres y otras personas que vean que lo necesiten- salir a pasear solas si quieren llorar, acompañadas si quieren desahogarse y nunca jamás con el/la niñ@, salir a correr, saltar a la comba, irse a un descampado a gritar, pegarle a un saco de arena, romper una vajilla,.... o hacer una actividad que les guste en su tiempo libre. Porque esa es otra, todo su tiempo es para su hij@ y no debería ser así, debería tener algún tiempo de la semana para ell@s, con su pareja, amig@s, ir a tomar un café, al cine, al teatro,.... Porque madres -y padres- también teneis que aprender que vuestr@ hij@ puede estar tranquilamente unas horillas sin vosotr@s, teneis que aprender a compartir su cuidado y a que se puede delegar ese cuidado a otras personas de vuestro entorno.
Espero, que esto os ayude en algo, no solo a los madres y padres, sino al resto de la gente que puede tener miedo.

sábado, 19 de febreiro de 2011

el primer día de instituto

He contado cosas de mi infancia y cosas actuales, pero aún no he contado nada de mi adolescencia.
No ha sido una época de mi vida muy buena, no ha sido malísima tampoco, pero no tengo la sensación de que haya sido importante en mi vida, o si lo fue, pero como no tengo muy buenas sensaciones de ella; prefiero obviarla. Quizás por eso, consciente o subconscientemente, mi disco duro haya degradado al fondo de su memoria esos años. 
En esos años, solemos estudiar en el instituto. Cuando yo fuí, aún existía el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y el COU (Curso de Orientación Universitaria). Si los cursabas en edad normal, pasabas cuatro años que iban desde los 14 a los 18. Mi secundaria fue nefasta, es decir, peor que mala. No  me adapté al centro en el que me metieron, y al que yo no quería ir, ni me gustaba estudiar en absoluto. 
No contaré en esta entrada, y pueda que en ninguna otra, como fui arrastrando asignaturas de un curso para otro hasta que en un primer intento lo abandoné después de repetir el COU. Pero si contaré como nunca me adapté a un instituto que a pesar de que era público en cierta forma parecía privado. ¿En qué? os preguntareis, pues en los alumnos (la inmensa mayoría) que a el asistían. Casi todos eran lo que denominamos en España pijos. Que me perdonen amigas y personas que allí han ido a cursar sus estudios, pero era así. 
Llegué a un instituto donde la mayoría eran hijas e hijos de abogados, catedráticos, doctores, maestros, empresarios... que con sus posibilidades vestían mejor que yo (marcas) e miraban a gente como yo que vestía ropa del mercadillo y eramos más de pueblo. Con la edad sabes que no todos eran así, pero de aquella te sentías fuera de lugar. Pero no me quedó otra y fui allí a "estudiar".
El primer día de instituto descubrí otro mundo. Allí entré en aquel antiguo edificio de piedra que parecía más un convento que un centro de estudios de secundaria. Entré por la puerta donde había una lista donde te designaban el grupo de 1º de BUP y el aula a la que te deberías dirigir. Me dirigí al pasillo donde se encontraba mi aula y fuí descubriendo corrillos de muchachas cuchicheando con muchachas todas monas incluso maquilladas y con taconcitos (¡dios mío!) y muchachos hablando más alto con muchachos con sus pelos todos engominados (¡idem!), y lo peor de todo, todos se conocían de su colegio, y de mi colegio no iba nadie. Yo no conocía a nadie, no tenía amigas con las que cuchichear sobre nada, yo no tenía amigas ni nada sobre lo que cuchichear. Pero aún hubo algo que me alucinó más en ese pasillo, había una niebla difuminada a lo largo del mismo. La mayoría de las muchachas y más mayoría de los muchachos tenían entre sus dedos cigarrillos que entre cuchicheo y frase aspiraban para soltar el humo, ellas con una cadencia glamurosa de "este lapiz de labios realza su carnosidad" y ellos con un soplo más intenso de "nenas, aquí llegó el mas chulo de la ciudad". 
Aún así, tengo algo bueno que contar de ese día. Fue el día que volví a vivir plenamente después del duro postoperatorio de la Fontan. Había pasado un verano donde apenas salía de la cama y cada quince días ingresaba en el hospital con pleuritis. A partir de aquel día, madrugué y vivía el día a día para ir a "estudiar" al instituto y solo tuve una pleuritis más en el mes de enero (creo recordar).


domingo, 13 de febreiro de 2011

la entrevista


Cuando empecé a escribir el blog y luego ví la gran acogida que tuvo, un día con mi gente comenzamos a imaginar como sería si me hiciera famosa por el blog. A que televisiones iría, que países recorrería, etc. Eso con el tiempo, pero no pensaba que en poco más de dos meses me hicieran una entrevista para un periódico de Galicia. Como, está en gallego, la he traducido para que podais leerla.
 
 

NO CONTABA CON QUE SOBREVIVIRÍA, Y AQUÍ ESTOY.

Cada año nacen en Galicia unos 160 bebés con cardiopatía congénitas. Mónica Otero, hija de emigrantes retornados, vino a este mundo con una malformación de corazón que la hizo pasar varias veces por quirófano y llevar un marcapasos. Los enamorados no tienen la exclusividad de San valentín: la jornada de mañana es también de los afectados de este mal.
Cuenta mi madre que nada más nacer ya me metieron en una incubadora aún pesando más de tres kilitos tener buen color. A mi madre le dieron pocas alternativas, pero pasó el tiempo, los días, los meses, y los años. Y ya van 34...”
Lejos de ser un suplicio, cada cumpleaños es para Mónica más que un motivo de celebración. “Los médicos no contaban con que sobreviviera, y aquí estoy”, relata animada.
Su caso es el mismo que los de los 160 bebés que cada año nacen en Galicia afectados de un cardiopatía congénita. Mónica vino al mundo con un corazón a medias, esto es, con un ventrículo totalmente inutilizado. Pero ni cuando era una niña, ni en la adolescencia, ni en la universidad ni hoy, insertada en el mercado laboral, se sintió como “a enfermiña” que parecía ser. En el campo de futbol, como no podía correr, quedaba de portera; no dejaba de jugar al pilla-pilla, como todos, aún que “siempre me pillaban”; no le ha sido fácil sacar el BUP, pero “no por enfermiña, si no por perezosa”... Hoy sale a bailar hasta salir el sol, disfruta del sexo con su pareja y no se priva de viajar. Lleva una vida tranquila, a su ritmo, quien no quiera seguirla “que me diga donde me espera y ya nos encontraremos”, afirma, risueña.
Tiene su enfermedad totalmente asumida. “Es una cualidad que está en mi, no la puedo tirar a la basura. Sé que tuve una suerte que otros no tuvieron. ¿Que la asumo? Si. Yo digo que igual llego a vieja”.
Ventrículo (UV) con Estenosis Pulmonar (EP). Esa es su enfermedad o “eso decía mi madre cuando le preguntaban”. Gallega de pro, y criada entre Rianxo y Compostela, las circunstancias de la vida hicieron que Mónica naciese en París, allá por el año 76. Del vientre a la incubadora. Y sin muchos esperanzas, pero con una larga estancia hospitalaria hasta que pudo ira para casa, donde también estaba controlada. Cinco años después, se trasladó con su familia a España y encontró un hueco para ser tratada en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
En la capital francesa no se había contemplado la opción quirúrgica. Pero una vez llegada a Madrid todo fue muy rápido. A los seis años -cuando ya vivía en Rianxo- le hicieron “un cateterismo, y me intervinieron un año después”, me prepararon el corazón para, en un futuro y cuando creciese, le realizaron lo que se conoce como procedimiento Fontán, esto es, una conexión entre el corazón y los pulmones para regular el flujo sanguíneo. De hecho, ese “tubiño” le quedó al final un poco pequeño, y en algún momento puede desgastarse, pero por lo de ahora funciona bien. “Como dice mi cardióloga, mientras va, va”, bromea Mónica, cuyas limitaciones actuales se centran en el esfuerzo físico. “No puedo estar de pie mucho tiempo, porque me canso. Andando voy bien, pero a mi ritmo. Y como tenga que coger un peso sostenido... así que llevo una vida tranquila. Aunque vivo en un cuarto sin ascensor ¡y subo!” exclama orgullosa.
A parte de esas limitaciones, la infancia de Mónica fue, dentro de lo que cabe, normal, así lo deja claro ella misma en su blog “Diario de una Fontan” (mokinha1976.blogspot.com). No era la “enfermiña” que los vecinas y vecinos de Carballal (Rianxo) querían ver en ella. Lo confirma una amiga: “Puedo contar miles de anécdotas de la ´nena enferma` que non era tal... porque aunque se empeñaban en decirnos que estaba malita por su corazón, nunca vimos en ellas una niña triste mucho menos enferma... Los límites siempre los puso ella, y nunca dejó que eso le afectara en su relación con todos l@s niñ@s de la villa ni en su día a día” (extracto de una carta publicada en su blog).
A los nueve años, y ya recuperada de la primera de las operaciones, Mónica sufrió un absceso cerebral, de lo que también trataron en Madrid y que le dejó como secuela ataques epilépticos que hoy sufre con una frecuencia de uno al año, “más veces en épocas de estrés”, apunta.
Fue esa la principal razón por la que se trasladó a Santiago, por la proximidad del hospital en caso de crisis. “Venir desde allá (Rianxo) conduciendo 36 kilómetros con las carreteras que había...”, recordaba, para aclarar que los ataques se manifiestan con “convulsiones laterales a la parte derecha del cuerpo. Ahora ya las paso en casa, porque son parciales. Lo que si controlo es si me quedo inconsciente, para que llamen a la ambulancia”, dice.
Tras un cateterismo a los seis años, una primera operación a los siete años, llegada de Madrid, y una intervención por causa del abceso cerebral a los nueve años; a los trece se sometió al conocido como ´procedimiento del Fontán` y “a partir de ahí si me mejoró la vida. No estaba tan morada, oxigenaba mucho más, empecé a andar mejor... Ya tengo un tratamiento que me permite andar más ligeramente”, relata.
Mónica es hoy una adulta tratada por pediatras. Lo cuenta entre risas: “Nosotros no salimos nunca de pediatría, porque los especialistas de adultos son para cardiopatías adquiridas”, no sufridas desde el nacimiento. “Con 27 años -recuerda- fuí rebotada de Madrid al Clínico de A Coruña, a pediatría. Cuando llegué allí, nada más verme, preguntaron: ¿Y la niña? ¡La niña soy yo!
Mónica no tiene un primer recuerdo de su enfermedad. Es imposible cuando naces ya afectado. “Siempre estuve así, tu naces y ya te dicen ´enfermiña`. Es como si eres cojo desde pequeño. ¿Cual es tu primer recuerdo de cojo? ¡Yo he sido cojo todo la vida!”.
Tampoco recuerda sentirse discriminada. O si un poquito cuando al encontrarse con alguna vecina del pueblo que le preguntaba: “E logo ti de quen ves sendo?” (inciso: es una forma propia de preguntar en Galicia a que familias perteneces, por eso no la traduje) “soy nieta de tal. ¿Hija de quién? Y le decía el nombre de mi madre. Aiii... tú eres la enfermita, no?”, cuenta Mónica a quien todos conocen como Moka.
De su época de estudios se cuesta lo perezosa que se volvió al pisar el instituto y como fue arrastrando cursos hasta, con 21años, decidió que sería en la vida: “Llegué a casa y dije ´mamá, voy hacer una carrera`”.
Pasé por el instituto nefastamente -narra- pero no por mi dolencia sino porque pasaba. Lo típico era que dijesen: claro la pobrecita está enferma. ¡Pues no! ¡Era perezosa hasta decir basta!, afirma Moka. Cuando empezó el instituto le paso “como a muchos, que tienes que estudiar de verdad y no te apetece”. Así que no fue pasado los 20 años, y tras hacer el COU en horario nocturno, cuando accedió a la universidad. Y sacó adelante, a pesar de los problemas por el estrés -´me asfixiaba`-, la carrera de Psicología Educativa. De hecho consiguió una beca de estudios para ir a Granada, que le abrió las puertas a la independencia. Y así fue como Mónica marchó de casa.
Hoy, sentada en un bar de la zona monumental compostelana y compartiendo con ocio los secretos de su optimismo, se pone algo seria cuando tocamos el tema de los hijos. Su cardiopatía no le permite tenerlo por el elevado riesgo para el bebé. “el feto tendría falta de oxígeno durante los nueve meses, y eso si paso el primer trimestre. Además, es peligroso dejar la medicación, los neurolépticos por ejemplo, porque correría el riesgo de tener ataques”. Así que “el bebé tendría lesiones cerebrales o neuronales, y eso se sobrevive a los nueve de embarazo. No tendré hijos. Los médicos no me lo han prohibido, pero hay que ser responsables” afirma taxativamente. Además, y con lo complicado que está adoptar, disfruta de los sobrinos, a los que adora. “No los maleduco, los llevo a raya, en van a salir unos adolescentes rectos”, bromea Mónica.
En un tono más íntimo, nos cuenta que también disfruta del sexo con normalidad. Antes de probarlo, “yo me preguntaba... y el día que lo haga, ¿me pasará algo?” y comprobó que no. “Vas siendo consciente de lo que puedes y no puedes hacer. No tuve problema ni lo tengo hoy”.
¿Tienes miedo?” pregunta inevitable. Ella responde sin dudas: no. “Busco vivir y dormir con gente en la casa por el tema de los ataques, por si quedo inconsciente”. Pero fuera de eso, no tiene ningún otro temor. “Viví hasta los trece años de hospital en hospital. Como digo yo, un niño está enfermo cuando le duele, cuando lo van a pinchar, cuando le meten una sonda... Pero después, la vida es como cuentan en la película Cuarta Planta”. En el hospital, recuerda Moka, “juegas con las sillas de ruedas, como hay un pasillo largo...” narra.
Buenos recuerdos de una infancia que se suponía dura y de la que también ha extraido alguna revindicación: “Los profesionales que trabajan en pediatría, les tiene que gustar los niños”, porque deben afrontarse a lo que Mónica define como un ´paciente doble`: el niño y las familias, que “son un paciente más complicado”. Al especilista “le tiene que gustar y debe de tener mucho templanza, porque una madre cabreada...”.
La segunda enseñanza: “Las madres nunca deben demostrar debilidad ante los niños, son fuertes pero como vean a una madre llorar...”, opina Moka.
Le pregunté si la fecha de mañana, San Valentín, tiene un significado especial. Y claro que lo tiene. El 14-F no es exclusivo de los enamorados: es el Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas, y como tal una jornada llena de significado para Mónica, que invita a poner un corazón en la foto de perfil de las redes sociales. Ella ya puso el suyo, por supuesto.
Llegando al final de la conversación, descubrimos algo más de la vida de Moka, que se autodefine como una persona ´práctica` y a la que le encanta escribir. De hecho, el blog es el primer paso de un reto en mente: escribir un libro a modo de guía para madres, que explicase “que los niños enfermos no están tan enfermos”, para eliminar esa imagen de ´pobriños`. “El niño es tan feliz en su santa inconsciencia. Si me tuviese que operar ahora, yo ya soy más consciente y oscreo que tendría mucho más miedo. Seguro que, a pesar de lo fuerte que soy, pienso, ´Ai, Deus, ¿y si pasa algo y no quedo tan bien?` ¡Bendita inocencia la de los niños!”

xoves, 10 de febreiro de 2011

re-acostumbrándome

Cuatro días de trabajo y hoy es el día que llegué menos cansada. Puede ser porque he salido antes (me echó el jefe, que se iban todos). Puede ser porque hoy no tenía compromisos y podía venirme directamente a casa. Quizás porque hoy comí en el comedor de la empresa y no me metí el tute de bajar a casa, comer rápido y volver para coger el bus y llegar a tiempo para la jornada de la tarde. 
Creo que yo y mi cuerpo se está re-acostumbrando a una nueva rutina. Madrugar y mucho, cuando despierto es aún noche cerrada, lo que me sigue dando bajón. Lo primero que hago es encender la cafetera que ya he dejado lista la noche anterior para tomar un café recién echo. Mientras sube a la segunda planta de la cafetera, me visto, me aseo, me pongo más mona (más que cuando iba a la biblioteca), y me sirvo el café con leche fría para poder metérmelo entre pecho y espalda en cuatro sorbos. Me lavo los dientes y cojo la bolsa donde ya tengo preparado esa cajitas de plástico herméticas (léase tupperware) donde se lleva la comida al trabajo. ¡Ala! a coger el bus y a trabajar por la mañana. Descanso de dos a cuatro, donde como y luego me doy un paseo si no llueve. El día que llueva tendré que buscarme una alternativa,  la más probable, leer. Jornada de tarde de cuatro a siete, y luego para casa. El resto del día para mí. Básicamente para descansar, viendo la tele, internet y contarle mi día a mis dos niñas.

luns, 7 de febreiro de 2011

independencia

Una de las cosas que nos hace sentirnos bien a las personas, es sin dudarlo, la independencia. Llegada una edad, es lo que deseas. Primero, en la adolescencia, como una forma de librarte de los pesados de los padres. Si, si, todos deseamos librarnos de ellos alguna vez. Después, ya deja de ser un deseo de apartarte de tus progenitores a un deseo para sentirte autorrealizada.
Yo me independicé por primera vez cuando iba a cumplir 25 años. Lo hice cuando el año que me fuí a Granada. Era un deseo mezclado aún de la inmadurez de la adolescencia de librarte de tu madre, de sus horas, de sus normas de casa, de con quién vas, con quién vienes, quién es esa, o ese, de quién llama, quién escribe, y el deseo de saber ya si realmente podía vivir sola, hacerme la comida, lavarme la ropa, organizarme la economía, llegar a fin de mes, no olvidarme de la medicación, además claro de hacer todo lo que me venía en gana sin dar una sola explicación a nadie. Personalmente significó mucho esa independencia. Puedo vivir sola.
Claro que eso no solo me lo demostré a mi misma. También lo pudo ver mi familia y mi madre. Nunca hablamos de ello. Pero estoy segura de que cuando me fuí a 1200 km de mi casa, al otro lado del país, mi madre no se quedaba muy tranquila. Por su mente pasaría pensamientos como los de "¿que comerá?, desde luego el pescado y la verdura ni la tocará", "se olvidará de la medicación", "seguro que andará por ahí hasta las tantas", no le voy a sacar de todo la razón, me olvidé algo la medicación, defecto de mi persona, el pescado lo justo, la verdura más, y si, cuando mis responsabilidades me dejaban me iba de fiesta y volvía a las tantas. Al final, creo que mi madre también pudo comprobar que no había sido tan malo, que a pesar de mi cabeza loca he sido bastante responsable.
Pero hubo algo que me sorprendió de mi independencia. El significado que le dió el cirujano que me atendió ese año en mi revisión anual. Cuando me planteó su pregunta favorita: - ¿qué tal te va la vida?.
- Bien,- le respondí- este año estoy en Granada con una beca.
- ¿Sola?
- Si, bueno no, con compañeras de piso.
- ¿Sin tus padres?
- Si claro, pero solo es un año - me apresuré a decirle cuando ví que el papel para el informe anotaba "es independiente"
- Es igual, lo importante es que te has ido de casa, aun que vuelvas (guiño de ojo), es muy importante que sepamos la vida que llevais, y que os independiceis es muy importante para nosotros.
Se ve que mi independencia era importante para más persona de las que pensaba.

venres, 4 de febreiro de 2011

odisea burocrática

Hoy tenía que presentarme en las oficinas de la empresa en la que me van a contratar a las 9:30 aproximadamente para llevar una documentación solicitada para el contrato. Así que a las 8:40 me planté en la parada de bus para no llegar tarde, y además comenzar a controlar la línea que usaré para ir a mi trabajo. cojo el bus y me planto en la oficina a las 9:15, y en la puerta de entrada cuando me dispongo a entrar me encuentro a mi futuro jefe, que me dió los buenos días y me dijo que el administrativo me esperaba. Subí, pregunté por el chico en cuestión y me preguntó si traía toda la documentación. Le traía todo lo que me habían dicho ayer por teléfono y un papel que yo supuse que había que presentar porque consideraba importante. Pues así era, pero resulta que tenía que llevar dos copias compulsadas. "- ¿Dónde lo compulso?". No se cortó en decirme: "búscate la vida". "¡Qué bien!" pensé. Además me mandó realizar otro trámite importante de cara a mi contratación. Luego me dijo que el martes comenzaba a trabajar a las 9:00. "Tráeme los papeles compulsados, que es muy importante". ¡Qué mañana me esperaba!, ¡y tanto!.
Volvía coger el autobús hasta una zona cercana a los dos sitios a los que decidí ir primero. Bajo del autobús y camino un pequeño paseo de casi diez minutos, bueno, por lo menos cuesta abajo. Entro en la primera Administración Pública (a partir de ahora AP) de ámbito local, y pregunto si allí puedo compulsar los papelitos. 
-Lo siento, aquí solo compulsamos documentación a la que damos entrada o que emitimos nosotros.
- ¿Sabe usted donde lo pueden realizar?
- No, pero prueba en este otro sitio. - Justo al que tenía que ir posteriormente a realizar el otro trámite importante.
Salí, crucé la calle y me dirigí al edificio en cuestión. A ver, información, información, donde está información, mira este guardia jurado. 
- Perdone, ¿sabe usted donde puedo realizar este trámite?
- En ese mostrador creo que le dan el número, señorita. 
Pasé de informarle que el tratamiento de señorita es ahora incorrecto, ya que está prohibido por machista, pero sinceramente, a mí me sigue gustando más que el de señora.
Cuatro pasos, siguiente mostrador.
-Perdone, ¿es aquí dónde tengo que pedir el número para este trámite?. Después de contestarme afirmativamente me dió un papelito con el número. - Su turno saldrá en esa pantalla.
-Gracias.
Estudié en que número estaba, y parecía que me iba a tocar pronto ya que solo tenía cuatro delante mía y así fué. En menos de diez minutos me senté ante la mesa de una señora joven que muy amablemente me atendió. Osé preguntarle si ella sabía donde podía compulsar los papelitos dichosos, a lo que me dijo, que probara en esta AP (una que ya tenía en la lista de posibles) o en esta otra. Bien, otra posibilidad, incluso más afín al tema.
Terminé el trámite sin ninguna incidencia y antes de volver a coger otro autobús para volver a ir a otra zona de la ciudad, sentí la necesidad de un café. Miré la hora, las 10:43, no era tarde, hasta las 14:00 está todo abierto, me tomaré un café tranquila. Crucé la calle y entré en la cafetería llena de gente. Bien una mesita vacía, para mi. Pedí mi acostumbrado café con leche con dos azucarillos mañanero. Desplegué el periódico y me puse a leer los titulares y parándome a leer más la noticia internacional que destaca estos días. 
Vamos, a por el siguiente autobús. ¡Qué bien!, llegar y besar el santo. El bus se presentó nada más acercarme yo a la parada. En eso, que mientras subo al autobús, meto la mano en le bolsillo. ¿Dónde está el bonobús? ¿el bonobús? Lo que me faltaba, perder el bonobús, ahora que lo voy a necesitar para ir al trabajo. Bueno, hay prisa, pago un euro, mientras me siento, sigo buscando el bonobús, nada lo perdí. Decisión: el lunes solicito otro.
Bajo, y decido ir primero a la AP que me sugirió la señora del trámite. Nada, paseito de casi quince minutos, cuesta arriba y cuesta abajo. Llegó y me dirijo a información. Me atiende un señor muy jovencito con un piercing en el labio (lo que le dá imagen de funcionario enrollado). 
- Mire, perdone, ¿sabe usted dónde podría compulsar esta documentación?
- Aquí no compulsamos documentación. Lo tiene que compulsar un notario.- Cosa que ya me había dicho la señora de la AP local, y que yo sé que no es así, por ley, que me lo tuve que estudiar para las oposiciones.
- Pero es que es una documentación que al final van a enviarla aquí, y en los otros sitios me dijeron que las documentaciones que entran y salen de su organismo, la compulsan ellos mismos.
El chico me miró con cara de, "ah, si?" y me dijo que preguntara a su directora. Me dirigí al despacho que me había indicado, dí unos golpecitos en la puerta, -¿Si?. Abriendo la puerta un poquito con timidez y dispuesta a preguntar si podía pasar, -Espere fuera un momentito.- Estaba con alguien, esperé a que saliera y este ya me indicó que podía pasar.
- Buenos días. - Me saludó educadamente una señora de mediana edad con cara muy sería. - Dígame.
- Pues mire, yo quería compulsar esta documentación para este otro asunto, y en esta AP y esta otra AP, me dicen que ellos no son los competentes.
Me cogió los papeles y los miró, volvió a mirarme y dijo: -Esto lo tiene que llevar esta AP, ellos debería tener que compulsártelo. 
Ya me imaginé ir de vuelta hasta otra punta de la ciudad, o a saber donde, mientras la señora buscaba el número y llamó a la AP,  que le remitió la llamada a otro departamento y esta a otro departamento. La señora estaba haciendo lo mismo que yo, ir de un lado para otro, pero desde su silla de oficina. Como a la tercera va  la vencida, en el tercer departamento, le informaron que allí me lo compulsaría. Apuntó la dirección con una letra que tuve que preguntarle para descifrarla, y resultó que a donde me mandaba era allí al lado. 
Otro paseo de diez minutos y listo. Fué en ese momento donde por mi cerebro pasó el pensamiento "quién me mandaría a mí ponerme botitas con taconcito para causar buena impresión en la oficina".
Me presenté donde la dirección. Esta vez me atendió muy amablemente una señora joven, creo que más joven que yo. Ella sí podía compulsarme la documentación, y así lo hizo. Bien, por hoy terminé. Hasta el lunes que tendré volver a solicitar mi bonobús perdido, no piso una AP.
Ya sólo me quedaba el paseo de casi media hora para casita. Mierda de taconcitos. Pero por fin os estoy contando esto con unas zapatillas de casa. ¡Qué gustazo!

martes, 1 de febreiro de 2011

granada

Ya sabeis que he pasado un año en la Granada, o como la llaman allí, Graná. De mi instancia allí puedo contar mil cosas, pero hoy hablaré de la ciudad. Más bien hablaré de la ciudad como yo la recuerdo. No en vano ya casi ha pasado una década, y en diez años las ciudades cambian, y la memoria truca los recuerdos.
Yo vivia en la Calle Real de Cartuja a unos minutos de Puerta Elvira (foto).  Bajaba hasta allí para traspasarla. Desde allí iba a la plaza donde estaba el Cebollas Palas. El Cebollas Palas era un bar, más bien garito o antro donde destacaban fotos de famosos como Miguel Ríos o Karina cuando eran jovencísimos, donde te ofrecían unos litros de tinto de verano que te ibas a beber en reunión con los amigos en la plaza (del que no recuerdo el nombre) hasta que la Ley del Botellón ese año nos fué fastidiando el invento. Desde esta puerta también se accedía a la calle del mismo nombre, Calle de Elvira. Era una calle que se recorría hasta la Plaza Nueva. Una calle que me gustaba caminar, con casas bajas y blancas, unas con negocios pequeños y familiares, otras con pubs ya que era zona de marcha y otras directamente abandonadas. 
Recorriendo dicha calle en esa dirección hacia la izquierda se sitúa el barrio del Albaicín. Puedes coger cualquier calle y ponerte a callejear cuesta arriba y cuesta abajo por sus calles con cantos rodados, muy falsos cuando llueve (dos esguinces sufridos lo pueden atestiguar) entre casa blancas pequeñitas al lado de grandes cármenes (casa típica de Graná). Pero es casi al final de Calle de Elvira, donde a la izquierda puedes subir por una de sus calles más famosas, la calle de las teterías, de la que realmente nunca he sabido su nombre real. Esa calle se distingue por sus teterías árabes, donde descubrí el té paquistaní con leche, uno de los que personalmente más me gustaba y sus dulces típicos. En esa calles había, y supongo que sigue habiendo, también tiendas de recuerdos (léase tiendas de souvenires) donde podás encontrar de todo para decoración de estilo árabe y cachimbas por doquier.
Subiendo por esa calle, y siguiendo callejeando y callejeando cuesta arriba siempre, solías llegar al Mirador de San Nicolás (foto) donde puedes admirar la majestuosidad de La Alhambra. Ese mirador, sencillamente es mágico. No solo porque todos los turístas se acerca para sacar la foto perfecta, sino por el ambiente que tiene tanto de día como de noche. Siempre gente, siempre la señora vendiendo castañuelas y aprendiendo a los guiris como se tocan, siempre hippies vendiendo sus artesanías, alguien tocando la guitarra, o el bongo, o el acordeón, alguien dibujando, alguien haciendo malabarismo, alguien bebiendo cerveza, alguien fumando sustancias ilegales, alguien ...
Pero sigamos en Calle de Elvira, que si la seguimos hasta el final, aparecerá la Plaza Nueva (foto antigua). Cuando aquel año comenzó la primavera solía ir allí comprarme un helado y comérmelo sentada en un banco o siguiendo una caminata por la Carrera del Darro o también llamado Paseo de los Tristes. Es un paseo que se recorre por un margen del Río Darro. Hacia un lado casas grandes ya de otra época, que no son blancas sino de piedra, al otro el sonido del río amortiguado por la gente, mayoría turistas. Si te asomabas al muro podía distinguir patos y otros animales y desgraciadamente también suciedad, si alzabas la vista, podías ver como al otro margen del río se encontraba la colina donde se alzaba La Alhambra.
Volvamos a la Plaza Nueva desde donde accedías al barrio de Realejo, y por la Cuesta de Gomérez te podía adentrar ya en la zona de La Alhambra, donde yo normalmente accedía por la Puerta de la Justicia las dos veces que fuí a visitarla. ¿Qué contar de La Alhambra? Decir que es magnífica es poco. No existen adjetivos calificativos que puedan describirla acertadamente. Lo que sí voy a contar es que realicé un visita nocturna que organizaban por los Jardines del Generalife. Recuerdo que fue en el mes de abril, cuando la primavera está en todo su esplendor. Al ser visitas en pequeñitos grupos y el guía tuvo la consideración de no hablar, el  grupo íbamos en casi perfecto silencio, por lo que podías detectar el rumor de la brisa en medio de la ramas y  el del agua de las fuentes, y todo el olor o las mezcla de olores que te penetraba por la nariz, y todo eso con una luz tenue y un cielo despejado donde se podía divisar la luna llena que le tocaba por fase. Era otro mundo, como su viajaras a través del tiempo a la época donde los árabes aún la habitaban.
Ya en otra zona de la ciudad se encuentra la judería al lado de la Catedral. Lo que voy a decir ahora va herir el orgullo de los granaínos, pero la Catedral me ha defraudado. Lo que más me ha decepcionado fue su emplazamiento, entre calles, sin plazas a su alrededor desde donde poder contemplar alejada las fachadas completas. En el barrio donde está ubicado, hay minicallejuelas donde pasar era toda una odisea debido a la gran cantidad de turistas que se solía acumular para hacer sus compras en las tiendecitas de recuerdos. Otra cosa típica de esa zona, son las gitanas ofreciéndote una ramita de romero para la buena fortuna, que con perdón, si educadamente la rechazabas se ponían pesadas, pero "mú pesás". De esa zona también destacar la Plaza Birrambla, no solía ir, pero en ella hay unos puestecitos de flores muy bonitos.
Podía hablar más de Graná, de la Plaza de Triunfo, de la Calle Colón, de Mesones (donde están la tiendas de Inditex), y como no, del Parque de Federico García Lorca, digno de visitar, preferentemente en primavera.
Ahora una cosa os digo para terminar, lo mejor de Graná eran sus tapas. Eso de poder comer y cenar a precio de un par de consumiciones, no se paga ni con la mastercard.

sábado, 29 de xaneiro de 2011

el año que usaba palabras argentinas

Estando escuchado una radio argentina donde trabaja un amigo, y mientras mis muffins se hornean, he decidido de contar el año que hablaba en castellano con acento gallego y palabras argentinas.
Fué en el curso 01-02, donde con una beca Séneca-Sicue (una Erasmus, pero dentro del territorio español). Yo había decidido ir a Granada y allí fuí a parar. 
La noche de Halloween que copiamos de los americanos, conocí a un chico argentino que aquel año pasó a ser una persona muy importante para mí ese año. Fué una relación estraña, o no tanto, según se mire, pero la amistad que nos unió mientras duró fué muy importante, por lo menos lo fué para mi. Fué un apoyo incondicional en aquel año.
Tocaba con un grupo donde su lider era uruguayo. Descubrí el candombe, porque sí, Uruguay también tiene su música identificativa. De los mejores momento que pasé aquel año era cuando iba a sus conciertos. Como era ya parte del grupo musical, supuestamente la reportera gráfica, lo que le pagaban en especies también era para mi, así que cayó alguna cerveza gratis en aquellas noche musicales. Poco a poco, me fuí integrando en su grupo de amigos como una más, un grupo mayoritariamente de argentinos y alguno que otro uruguayo, donde pasaba mucho de mi tiempo libre, con todos aquellos hombres que había cruzado un océano para intentar mejorar su vida después del famoso corralito.
Fué el año en que comencé a saber el protocolo del mate. El año en que los asados era con chimichurri, donde tuve la agradable sensación del dulce de leche por mi garganta, donde brindé con la Quilmes, donde vi una botella de ginebra Bols desparramarse por el suelo para desesperación de algunos y guardaba los yogures en la heladera. Fué el año en que yo me vestía pollera con remeras, y mi ropa interior pasaron a ser corpiños y bombachas. De noche me tapaba con la frasada después de ir a boliches a montar quilombos. Fué el año en que Argentina perdió en la primera ronda del mundial, quizás porque la cancha no le era favorable, quizás porque el arquero tenía mal día, o quizás porque ya no jugaba el Dios Maradona. 

venres, 28 de xaneiro de 2011

tenis

Os podrá sorprender que estoy haciendo a estas horas de la mañana en casa y viendo ya la tele. Pues viendo tenis, Ferrer vs. Murray, semifinales del Open de Australia 2011, primer gran torneo de la temporada. Si amig@s, soy una gran aficionada al tenis, y actualmente una "Nadalista" hasta la médula, pero a falta de Nadal, habiendo aún un español y que por fin una tele en abierto se acuerda de los aficcionados al tenis (Cuatro), que menos que aprovechar.
Mi aficción al tenis viene desde muy niña, tan niña, tan niña que apenas sabía aún andar. Me la pegó mi madre. En Francia, este deporte es muy seguido, no solo por el Roland Garros, sino que lo ponían mucho en la tele (década de los 70 y 80) y a mi madre le encantaba. En verano, fin de semana si, fin de semana no, televisaban este deporte. Me cuenta mi madre, que los sábados iba hacia a ella, y le decia que pusiera el pum-pum pum-pum. Parece ser que me pillaba un berrinche cuando no había tenis. 
Cuando nos venimos para España, ya sabemos lo que es el deporte rey. De tenis ni hablar, hasta que por fin, Arancha, Conchita, Berasategui, Bruguera ganaban torneos y comenzaron a poner los cuatro grandes, hasta que vienieron las tele privadas y nos fastidiaron el cotarro.
Uno de los primeros partidos que recuerdo muy estresante para mí mientras lo veía fué el de Arancha Sánchez Vicario vs. Steffi Graf en el Roland Garros de 1989, donde la jovencisima española derrotó a la alemana. Claro que después esta última se vengó en los años en esa misma pista, en los años 1995 y el 1996.
Siguiendo con el tenis femenino, otro partido en el que disfruté también jugaba S. Graff, pero contra Martina Hingis. Lo disfruté por las polémicas declaraciones que había hecho la suiza (que estaba de nº 1 en la WTA) de que nadie la podría derrotar, porque sus contricantes eran "viejas". Ganó la Graff, y los disfruté como si fuese española. Actualmente el tenis femenino no lo televisan, razones obvias, no hay españolas destacadas, así que habrá que esperar a que alguna aparezca.
Actualmente, los duelos Rafael Nadal vs Roger Federer, son los que más me estreso y disfruto. Sabiendo que los dos parecen invencibles y los dos son vencibles, dándolo todo. Uno sin soltar una gota de sudor ni un gesto que denote su estado de ánimo y físico, y el otro sudando a la gota gorda y gritando en cada golpe con todo su cuerpo y su vida. Dos formas de jugar tan distintas y tan buenas las dos, que hace que estos partidos sean realmente especiales. Si gana el español, más aún.
Actualmente,  tenemos a la "Armada Española" que nos están dando muchas alegrías, tanto como equipo, como individualmente. Por lo cual, las televisiones se acuerdan de nosotros, y gracias a ellos, consideran esto como algo de interés publico y nos lo televisan más, por lo cual los aficcionados al tenis nos refrotamos las manos.
Si, soy una gran aficcionada al tenis. De esas que madrugan para ver tenis, que comen antes para ver tenis, o directamente no comen, que trasnochan por el tenis, que si salen de fiesta se vuelven a las tres para ver tenis, que no se va a una excursión si hay buen tenis. Que no se va de viaje si hay tenis. Bueno eso no, porque me perdí la final Nadal-Federer de Winblendon del 2008, del que solo llegué a ver de milagro el ultimo punto donde Nadal por fin ganó en hierba al suizo, por estar en un viaje con mis amigas en Barcelona.

grupo de seguidores en el fb

Para saber quienes me siguen y que hagais aportaciones que considereis oportunas, he creado un grupo en el caralibro (léase facebook) que es público, por lo cual creo que será fácil de encontrar y haceros miembros. Si teneis algún problema me mandais un privado a mi cuenta particular y yo os incluyo como miembros. Creo que así esto todo será mucho más interactivo.
El nombre del grupo es obvio. Blog de moka: diario de una fontan.
Animaros a participar.

mércores, 26 de xaneiro de 2011

juegos de la infancia

Siguiendo el hilo de la entrada anterior, hoy hablaré de los juegos de mi infancia en la aldea. Soy de las que opinan que todas las niñas y niños deberían pasar su infancia en el campo, así sabrían desde siempre que la leche viene de las vacas y los huevos de las gallinas. ¡Y jugar por donde quieras!
En mi aldea había muchas niños y niñas, somos de boom de natalidad de la década de los 70. A veces, si nos juntábamos todos, podíamos llegar a ser una veintena. Había dos grupos diferenciados. El de los mayores, que tornaban la edad de mi hermano y daba la casualidad que casi todos eran niños, y el que rondaba mi edad, mayormente femenino.
Las pocas veces que nos juntábamos todos, solíamos jugar al "brilé". Era un juego de pelota formado por dos equipos. Consistía en ir eliminando a los miembros del equipo contrincante pegándoles con la pelota. Está claro que ganaba el que primero eliminaba a todos del equipo contrario. A mí, en este juego me sucedían dos cosas. Una, era la última en ser elegida para la formación de los equipos, y dos, era la primera en ser eliminada. Las razones son obvias, no se me daba bien correr rápido. 
Otro de los juegos que recuerdo donde participabamos ambos grupos era a "V". Un simulacro de la serie que tanto nos gustó a los de mi generación. Ahora hay un refabricado (léase remaker), del que prefiero no proferir comentarios. En ese juego yo era "Dayane" (si es que se escribe así). Era la que siempre estaba en la nave nodriza, (la nave nodriza era un hórreo) y mandaba a quienes debían perseguir, detener y torturar para que se chivaran del escondite de los demás de la resistencia. Que yo siempre fuese la mala de los lagartos también es obvio.
Cuando estábamos solo las niñas, a lo que jugábamos es muy obvio, a las casitas. Las hacíamos con tablas. Tenímos de todo, tiendas, médico, veterinario, floristería, pastelería con tarta. La tarta era un masa echa de agua y tierra en la tapa roja del bote de colacao adornado con una florecita. Con imaginación lo hacíamos todo.
Fué un tiempo muy feliz, donde sabía que era especial. Todos los amigos de mi hermano (el grupo de los mayores) eran mis novios. ¡Cuántos novios tenía! ¡Cómo no iba a sentirme especial!.

luns, 24 de xaneiro de 2011

una entrada especial

Me encontraba ayer fuera de mi ciudad, cuando a través del móvil entre en mi caralibro (léase facebook). Tenía un mensaje privado de una amiga de la infancia que recuperé gracias al caralibro. Leyó el blog y decía que un día escribiría algo ella de como me veían los niños con los que jugaba en mi niñez en la aldea. Como no puede escribirlo directamente, la animé a que me lo mandara y que se lo publicaría. Hoy tenía otro privado, con esto escrito. Está tal como ella lo escribió.

"Estaba leyendo el blog de "Moni", porque asi se llamaba entonces y se seguirá llamando para los que la conocimos en aquellos tiempos...y quise ponerle fecha a nuestro primer encuentro.Resultó imposible.
No puedo ubicarla en un momento determinado de mi niñez pero si puedo contar miles de anécdotas de la "niña enferma" que no era tal...porque aunque se empeñaban en decirnos que estaba malita por culpa de su corazón nunca vimos en ella una niña triste y mucho menos enferma...los límites siempre los puso ella, y nunca dejó que eso le afectara ni en su relación con todos los niñ@s de la aldea ni en su dia a dia .
Recuerdo que mi madre sentía (siente) especial cariño por esa niña, ambas comparten muchas cosas....pero como diría Moni:esa es otra historia...siempre me decía que ella era especial, que no la castigarámos demasiado con juegos muy fuertes y que si alguna vez se "dormía" mientras jugábamos tenía que ir corriendo a despertarla y a buscar a su madre...bendita inocencia....Nunca pasó nada importante...algún moratón, alguna riña por jugar cerca del rio...algún que otro enfado...Solo risas, muchas risas....los mejores recuerdos de mi niñez están en la aldea de nuestros abuelos y en aquellas tardes jugando a todo lo inventado y por inventar ¿verdad Moni?
Pero también hubo un tiempo muy triste...fui a buscarla para jugar y ella no estaba...algo había pasado,sólo recuerdo que mi madre lloraba mientras hablaba con su abuela, estaba en Madrid pero no supe muy bien el motivo...pasaron muchos días hasta que ella volvió. Era como un muñeco de trapo, con el pelo rapado los ojos muy tristes, no era ella, no quiso jugar....lloré mucho ese dia porque pensé que se moría supongo que me enfadé con ella con mi madre con la suya con... con todo el mundo!!! no era justo, al final ¿sería verdad que estaba tan enferma? Pero volvió a vivir...se pegó los trozos como bien pudo y salió otra vez a pelear y a comerse el mundo...ha sido, es y será una...luchadora siempre...nunca corrió detras del balón, nunca se tiró en bicicleta por aquellas pistas de barro, nunca se metío en el río en invierno...pero siempre estaba allí con tod@s, contagiándonos de sus ganas de vivir, sin bajar la cabeza un solo dia, sin pedir trato especial, sin mirar atrás....por todo esto y por todo lo que podría contar...gracias Moni...por todo lo que has luchado y por todo lo que nos has enseñado...
S.C.C"

Tengo que confesar, que leer esto me emocionó enormemente y los ojos vidrioso volvieron a aparecer. Contar que lo que recuerda está amiga fué cuando volví del verano del abceso cerebral (ya contado en alguna entrada) donde los primeros meses estaba medicamentada con sedantes y neurolépticos fuertes que poco a poco me han ido retirando. Pero a raíz de esta historia tengo una anécdota que contar con esta amiga. Cuando a una niña con cierta melena le rapan el pelo y luego le empieza a crecer, cuando ya puede hacer una colita se emociona. Un día llegué a la parada de autobús escolar, muy contenta, porque me podía hacer una cola. Esta amiga, sincera siempre, me vió los cuatro pelos del cogote atados con una gomita y dijo, eso no es una cola. Es verdad, hasta la cola de caballo faltaron muchos meses más. Pero yo era feliz.
Gracias amiga.
P.D.: si alguién que me conoce quiere contar algo, que me envíe un privado y se lo publicaré.

sábado, 22 de xaneiro de 2011

buscando

Escuchando la radio buena música, me he animado a contaros una anecdotilla.
¿Nunca habeis estado buscando algo que teniais ya puesto?. Los que usan gafas, como yo, seguro que un día estuvieron buscando las gafas por todos los lados con una visión perfecta. 
Pos eso me paso una vez a mi de niña. Fué en mi primera operación cuando yo contaba con siete años. Era la hora de la merienda. Los que podíamos comíamos en el comedor de la planta, que a su vez era la habitación donde se jugaba. Había un contenedor lleno de juguetes donde se guardaban. Pues allí estaba yo buscando un juguete, revolviendo y revolviendo, hasta que de pronto, ¿y mi bocadillo?. Comencé a buscarlo desesperadamente en el contenedor, revolviendo y revolviendo, y no aparecía. Me estaba poniendo nerviosa, en mis ojos se acumulaban las lágrimas buscando una salida, y yo aguantando y no subiendo la cabeza para que no se me vieran los ojos vidriosos, y removiendo y removiendo. Mi madre, que todo lo intuye, me pregunto si me pasaba algo. No! dije (bueno en gallego), pero la voz que te sale cuando estas aguantando la acumulación de presión ocular me delató. Se acercó, y me volvió a preguntar: - ¿Te pasa algo?. a lo que yo rompiendo a llorar desconsolada respondí: - Me cayó el bocadillo. Mi madre me miró con esa cara que ponen las madres cuando te quieren llamar tonta. - ¡Si lo tienes en la mano!
Si, es verdad, lo tenía en la otra mano.
P.D.: siento decir que con la traducción el diálogo pierde mucho.

ansiando mi rutina

Ya estoy en casa. Pero aún no estoy como siempre, pues me falta volver a coger mi rutina, que no tengo asentada desde antes de navidad, por lo cual aún no siento que estea completamente en mi casa. Y aún tendré que esperar, porque creo que hasta el martes, eso no podrá ser. 
Tengo ganas que a las 9:02 a.m. me llame mi novio y yo le diga, un poquito más, la propinita, para que una aproximadamente media hora después me levante, me vista, me asee y baje a desayunar mi café con leche con doble azucarillo al bar de siempre y luego sesión mañanera de estudio en la biblioteca. Luego a comer a casa de mi madre, pequeña charla con ella mientras me tomo el postre en su compañía (ella come antes) y a casa, momento precioso del día con el té rojo, las noticias y mis compañeras de piso. Media horita de siesta y vuelta a la sesión de estudio por la tarde, mínimo hasta las 8: p.m. Luego, lo mejor del día. Ducha, cena y sofá, internet, televisión y compañía de mis dos niñas. A eso de la medianoche cama y una charla telefónica con mi niño. Tengo un montón de ganas de volver a tener mi rutina.
Muchos piensan que la rutina es lo más aburrido del mundo, la disculpa de la mayoría de las roturas de las relaciones de pareja, pero es lo mejor. Tener unos ritmos de vida regulares hace la vida más facil y saludable, es bueno. Pero para que no sea aburrida, el mejor consejo es romperla, no cambiarla romperla con una pequeña acción. 
P.D.: Mi sobrino está divino.

xoves, 13 de xaneiro de 2011

una entrada inesperada

Sé que hace mucho que no escribo. Pero mi vida últimamente se divide entre Santiago y Madrid, y nunca se sabe cuando vuelvo a mi casa si tardará mucho o poco en llamarme mi hermana para anunciarme que mi sobrinito vuelve a tener fiebre. Cuando mi hermana llama y me anuncia que el niño tiene fiebre, se activa el protocolo. Mokiña compra el billete en el próximo tren, hace su maleta (que realmente ya nunca deshace completamente) y anuncia en el juego de aldeas online que le vigilen los recursos y  que sus soldaditos no se mueran de hambre ya que no va a poder conectarse como de costumbre.
Es tan así que estoy escribiendo esta entrada desde el Hospital de La Paz (viva la wifi gratis y el miniportatil de mi cuñado). Esta vez el niño no se conformaba con tener fiebre de catarro, no! Prefería pillar se un virus o una bacteria (no aciertan muy bien estos médicos en que ha sido) y así, además de que viniera su tía-niñera-enfermera sino que también se presentaran sus abuelos para llenarlos de mimos.
No se preocupen, el niño está ingresado pero no está nada mal. De cierto se lo pasa en grande rodeado de la gente que le quiere y que no hacen más que tonterías para que se entretenga y ría, aprenderle a decir adiós cuando alguien se va, a chocar las cinco o que es caca muchas de las cosas que se quiere llevar a la boca. Un encanto encantado. Un niño feliz.

mércores, 5 de xaneiro de 2011

un verano

La estancia más larga en la que yo estuve ingresada en un hospital ha sido todo un verano. Fue cuando sufrí el absceso cerebral. Después de la intervención para su extirpación y el post-operatorio en la UVI, del que no recuerdo absolutamente nada, tuve que quedarme ocho semanas más para recibir tratamiento.
Fue un gran verano. Conocí muchas niñas y niños de los que apenas recuerdo cuatro matices de cada uno. Lo que recuerdo siempre con una gran sonrisa de ese verano son las carreras a lo largo del pasillo de la planta con nuestr@s novi@s. ¿Qué que son los novi@s? Pues los palos-sujeta-sueros -nunca supen como se llamaban- con ruedines que servían para que no perdieramos la vía por donde nos medicaban. Esos palos-sujeta-sueros llegaba a ser tu mejor amigo, o como decíamos nosotras y nosotros, nuestr@s novi@s. Lo que más apreciabamos de un buen novi@ era que tuviese unos ruedines perfectamente engrasadas. Como estaban numerados y por la noche nos lo sacaban (el suero se sujetaba en en palo-sujeta-sueros de la cama), implorábamos a nuestras madres que fueran las primeras en buscar el nº 2, sino el 6, sino el ... . No sé el resto de las madres, pero la mía no me hacía mucho caso, ella iba, los iba probando y el mejor que anduviese se lo agenciaba. Claro que mi madre era de las primerísimas que se despertaba e iba hacia el rincón donde descansaban nuestr@s novi@s.
De ese verano también recuerdo mucho la Tv. Se alquilaban pequeñas televisiones por semana, y mi madre alquilaba una. Fue el verano que en la sobremesa (creo) apareció David Hasselhoff con sus pantalones vaqueros ceñidísimos y su coche fantástico que hablaba, conducía solo y para colmo podías llamar por el reloj. Ese verano los niños nos pasamos llamando a Kitt por nuestros relojes. Luego vinieron la moto fantástica (véase el Halcón Callejero) e el helicóptero fantástico (véase Trueno Azul).
También fue el verano de las maquinitas. ¿Que qué son las maquinitas? Pues las antecesoras de las Gameboys pero con un solo juego. Parece ser que las maquinitas eran juguetes para niños (grrrrrr), pero yo insistí e insistí, así que mi madre no le quedó más remedio que ir a comprarme una. Recuerdo que era el gato Sylvestre cazando ratones para su hijito. Esta maquinita tiene otra historia. Recuerdo que un chico con nombre de emperador romano, que venía de cuando en cuando a recibir su medicación. Era un chico alto, supongo que de unos 14 o 15 años. En su estancia de un día tenía que estar en la cama (la medicación lo debilitaba mucho) y poca cosa podía hacer, así que le dejaba mi maquinita. Recuerdo que aquel muchacho, con sus dedos índice y corazón de su mano libre -la otra estaba con el suero- jugaba con una asombrosa habilidad, ¡me destrozaba todos mis récords!, que lo confieso, luego se los borraba.
No sé si fue un verano caluroso. Fue el verano donde le riñeron a una niña por visitar a un chico con leucemia de étnia gitana. El verano donde algunos no teníamos pelo. El verano donde muchos se iban y unos pocos nos seguíamos quedando. El verano de la entrañable enfermera Socorro. El verano de la chica que siempre le faltaba un cromo de su colección de los Osos Amorosos. El verano donde al final no pude hacer mi primera comunión. El verano donde mis hermanos no estuvieron con su madre. El verano de 1986.

martes, 4 de xaneiro de 2011

mi ciudad


Vivo en la ciudad que está al final del camino, bueno, de los caminos, porque hay varios. Una ciudad donde dicen que la lluvia es arte. Esa persona seguro que no ha vivido aquí. Es verdad que mi ciudad con sus calles mojadas y de noche, tienen un encanto, una magia indescriptible, pero la lluvia no es arte. Aquí la mayoría de veces llueve de canto gracias a un viento que suele ser helador, un frío húmedo que se te cuela por la piel y los huesos y se te cuela hasta el mismo corazón. Una lluvia que hace que camines encorvado y encogida, tensa, tan tensa que cuando te das cuenta te duelen los músculos, así que permítanme disentir, en que la lluvia es arte.
En mi ciudad hay una catedral. Final del camino de los peregrinos que recorren los caminos para ganar su jubileo. Caminos que un "año xacobeo" se tornan más poblados, como lo ha sido el año que recién terminó. Para que no lo sepan, el "año xacobeo" es cuando el 25 de julio, día de Santiago Apóstol coincide en domingo. La catedral de mi ciudad tiene diversos estilos artísticos que ha ido acumulando a lo largo de los siglos en los que ha sido construida. No sé de arte, así que para saber más de ella, seguro que en la wikipedia hay información.
Tres curiosidades de la catedral si que os voy a contar. Una de ellas tiene que ver con el "año xacobeo" ya mencionado. Eses años se abre la denominada Puerta Santa. Es una puerta cerrada a piedra que se abre el 31 de diciembre del año previo al xacobeo y se cierra el mismo día del año siguiente. Ese año todos los peregrinos entran por esa puerta, dicen que ganan realmente el jubileo y le son enmendados sus pecados. Hay numerosos rituales, entre ellos cruzar la puerta haciendo tres cruces o rezando, permítanme diciendo "no sé que".
Otra curiosidades que hay en la catedral, es una figura del Apóstol Santiago a lomos de un caballo blanco con una espada cortando cabezas de moros, es el llamado Santiago Matamoros. Debido a los lamentables atentados islamicos sucedidos, algunos (no se quién) pidió que por respecto se retirara la figura, cosa que no pasó. Sin embargo, la solución ha sido poner muchas flores sobre la base de la figura y tapar las cabezas sangrantes.
La última curiosidad está en la denominada "Pórtico da Gloria". Diseñada por el Maestro Mateo, que ante la visión de que había echo una obra maestra optó por firmarla con su cabeza en alguna parte del proyecto previo. Eso parece ser que a la Iglesia no le gustó y optaron por poner su cabeza hacia el altar mayor como si estuviera de rodillas pidiendo perdón por su osadía. La costumbre popular, hizo que se instaurar un ritual, que era apoyar la mano en una de las columnas del pórtico pidiendo un deseo y luego dar la vuelta para darte unos golpes en la cabeza del maestro a ver si te pasaba algo de su inteligencia y se cumplía el deseo. Ni que decir que o me dí muchos "croques" en esa cabeza, pero no creo que el maestro me pasara mucho ingenio del suyo, seguí siendo una pésima estudiante. Deciros que debido al estado de deterioro que estaba teniendo tanto la columna como la cabeza, ese ritual fue prohibido.
Tiene mi ciudad una zona histórica que es inmensamente bella (permítanme la licencia), que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. Varias calles son las famosas y más turísticas, entre ellas la "Rúa do Franco", famosa por sus bares de vino y restaurantes donde te cobran muy bien el marisco, ¡vamos! para sablear a los turistas. Pero la calle que a mi más me gusta es la "Rúa de San Pedro". La calle por donde llegan la mayoría de los caminos, siendo el último tramo del camino desde la penúltima parada en el "Monte do Gozo". Es un calle de casas más bajitas, de piedras, más típicas de una aldea que de una ciudad, con tiendecitas familiares, panaderías, alguna que otra tasquita, personalmente, es la que más encanto tiene para mi.
La ciudad de la que estoy escribiendo, es mi ciudad adoptiva, donde vivo desde que tengo doce años, a la que realmente siento que pertenezco. Mi ciudad es Santiago de Compostela.

sábado, 1 de xaneiro de 2011

feliz año a tod@s


Ya estoy despierta, de la noche en la que celebramos la nueva entrada de años, como todos los años. Cada cultura, pueblo, persona tiene una forma de celebrarlo, y aquí en España, también tenemos la nuestra, con nuestras supersticiones.
Personalmente, empiezo la noche cenando con mis padres, esta vez los tres solos. Una cena parecida a la de noche buena, tres marisquillos, una carne asada, y postres típicos de la temporada. Comenzamos a comer a eso de las diez de la noche, no vaya a ser que el cambio de fecha nos pille aún dándole a los carrillos, bueno de la cena, por que los Españoles, o la inmensa mayoría comenzamos el año comiendo doce uvas al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol (foto).
Lo de tomar las uvas es todo un ritual. Te pones delante de la tele, con las uvas ya preparadas anticipadamente y seguro que recontadas unas cuantas veces, para asegurarte que no te falta ni una. Comienzan los presentadores, felicitando el año, hablando un poco, y como cada año, explicándole a los telespectadores lo mismo de siempre, como son los sonidos del reloj, que a esta altura de vida, ¿habrá alguno que aún no se sepa tomar las uvas al son de la Puerta del Sol?. Pues así estamos, como dice una canción, todos los españolitos, pendientes de los sonidos del reloj. Cae el carrillón con su musiquita (tiritiritiritiritiriiiiii), y luego los cuartos (din-don, din-don, din-don, din-don) y ahora las campanadas (dong, dong, dong, ..., hasta doce) y con cada dong una uva. Si te las tomas todas, tienes suerte todo el año entrante. Pobre mi madre, que a la sexta uva le dió la risa y solo tendrá suerte la primera mitad, que será de su segunda mitad.
Así empecé el año, comiendo mis doce uvas.
¡FELIZ AÑO 2011!

mércores, 29 de decembro de 2010

el trabajo

Toda mujer y hombre, llegada una edad, para sentirnos autorealizados queremos tener un trabajo, ser productivos, ser independientes y al mismo contribuir. Esa es un metas de tod@s, o de casi tod@s.
Estoy inmersa en un proceso de selección para un puesto de trabajo, en el que estoy muy interesada. No es exactamente de lo mío, pero es muy afín y además es de un campo que me interesa mucho. El puesto sería para técnico de apoyo al empleo en un CEE (Centro Especial de Empleo). Para el que no sepa que es eso, es un centro laboral donde sus empleados o la inmensa mayoría son personas con discapacidad.
No debería existir esos centros, sin embargo, en la sociedad de hoy son necesarios. Los empresarios no se fían de nuestras capacidades o piensan que nuestras discapacidades no nos hacen aptos para trabajar.
Personalmente, no lo tengo tan mal. Mi discapacidad es física, pero no motora. Mis handicaps básicamente son no coger peso, correr o estar de pie mucho tiempo. Pero el empresario si sabe tu etiqueta (diagnóstico) ya tiene sus reticencias. ¿Y si le digo algo a la chica o se estresa y tiene un infarto?. No tengo estudios del porcentaje de infartos en personas con cardiopatías congénitas, pero dudo mucho que el porcentaje de diferencia (si existe) sea significativo. Además, digo yo que para algo tengo un marcapasos. Claro que esta chica estará todo el día yendo de médicos, y claro, andará pidiendo días cada dos por tres. No saben que nuestras revisiones son anuales. Es verdad que siempre vamos más, porque la descoordinación hospitalaria en asunto de citas es evidente, y claro un día análisis, otro eco, otro ECG,... pero eso ya no es nuestra culpa, no vean que favor nos harían yendo un solo día para todo.
Es así, los empresarios ven nuestras desventajas y no las ventajas. A nosotros que nos cuestan más las cosas, ponemos más empeño, tenemos más motivación y seguro que hasta somos más produtivos.

domingo, 26 de decembro de 2010

feliz navidad

Estamos en fechas señaladas, donde pasamos más tiempo con nuestras familias, e incluso vemos a gente que no podemos ver normalmente. Una época que muchos viven con ilusión, de comidas copiosas, y cava o champan para brindar, salimos con los amigos y besamos mucho más. Obviaremos partes negativas, pero pensemos que todos vivimos así las fiestas. Pero hoy voy acordarme de la gente, sobretodo niñas y niños que por diversas circunstancias pasan estas fechas ingresados en hospitales.
Tuve la suerte de nunca estar ingresada en estas fechas, pero conociéndome, si no me sintiera enferma me imagino corriendo los pasillos, jugando con los otros niños, abriendo los regalos de santa (klaus o nicolás) o también llamado papá noel, y enseñandole a mi madre, lo bonito que es mi juguete nuevo. Porque así son los niños, les da igual donde estén, que si hay un árbol con regalos y están sus papás, les da igual el pavo y el cava sin alcohol, que no vean las luces de la calle, ellos sonreirán igual y tendrán una feliz navidad
FELICES FIESTAS A TOD@S.
 

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