luns, 25 de abril de 2011

el balance de un año

Hace unos días celebramos el primer añito de mi ahijado. Me parece que fue aún ayer cuando mi madre me avisaba que mi hermana estaba ya de parto y que partíamos para Madrid. Cuando llegamos el niño ya había nacido y era tan pequeñito, ahora ya anda. Pero no son los avances del niño lo que os voy a contar, sino mi año.
Haciendo balance, ha sido uno de los mejores años de mi vida, sobre todo de la última mitad. En este tiempo he cumplido un año de noviazgo. Muchos direis, ¡eso no es nada!. Analizando mis parejas pasadas, ninguna que fuese oficial a sobrepasado ese tiempo, es decir, es mi primer aniversario.
Otra novedad es que ahora soy una persona laboralmente activa. Ya no soy una parada de larga duración y sin experiencia. Tengo un trabajo que me gusta mucho, y además me encanta lo que hago y con quién trabajo. ¡Qué más se puede pedir!. Bueno si, lo confieso, un mejor salario, pero para ser el primer trabajo y no pedirme experiencia bien me vale. Me vale porque no tengo una hipoteca ni familia que mantener, que si no...
Pero tengo que confesar, que casi lo que me dá muchas satisfacciones ultimamente es este blog. Lo comencé con mucha ilusión. El objetivo era contar a todas aquellas madres preocupadas por el futuro de sus hijos, que hay gente que llevamos una vida normal después de que nos reparen. Para dar la visión positiva y de esperanza, para demostrar que la lucha no es en vano. Pero la cosa fue sin casi darme cuenta a más, y sé que me lee gente que nada tiene que ver con las cardiopatías. Me emociona saber que me lee mucha gente, que soy seguida, algunos de ellos desde países que me sorprenden, personas que no conozco, personas que conoceré, personas que nunca llegaré a conocer. Es verdad que ya no escribo tanto, pero me dais mucha fuerza saber que esto sirve para algo bueno. Espero cumplir un año de blog, y otro más, y otro...

martes, 19 de abril de 2011

los viajes a madrid (primera parte)

En las páginas que visito de cardiopatías congénitas, algunas personas han comentado lo poco que le gusta ir a las revisiones por miedo. Otras también han comentado que se tiene que desplazar grandes distancias. Esto último lo compartía. Cuando aún me llevaban en Madrid, tenía que recorrer más de 600km para ir a las revisiones. Pero lejos de ser para mí un suplicio, era toda una alegría. ¡Me iba de viaje! Cada año esperaba esos dos días de viaje a Madrid con unas ganas tremendas. En cualquier época, la niñez, la adolescencia, cuando ya he ido de chica, me encantaba ir.
Cuando era niña, de lo que más me gustaba era ir en el tren. Íbamos (siempre me acompañaba mi madre) en el Tren-Hotel Rías Altas. Viajábamos en litera, que en aquella época eran seis. Siempre las de abajo, no vaya a ser que la niñita se cayera. Me encantaba ir en el pasillo, así veía todas las personas que iban en el tren y si podía usaba la excusa de mi edad para hablar con el primero que me sonreía, cosa que a mi madre nunca le gustó y en cuanto podía me sacaba del pasillo y me metía en la litera a dormir. Dormía toda la noche, hasta que una hora antes de la llegada nos tocaban la puerta para ir preparándose, y me lanzaba de nuevo al pasillo donde ya estaban las primeras personas echándose el primer pitillito mañanero, porque de aquella se podía fumar en ciertas zonas de los convois.
La primera mañana era una odisea. Llegábamos a la Estación de Príncipe Pío o también llamada Estación del Norte. Actualmente, esa estación es un centro comercial. Llegábamos, y después teníamos que cruzar medio Madrid en metro o en cercanías para llegar al hospital y, a todo esto, aun cargadas con la maletita, bueno vale, la cargaba mi madre. Llegabamos y nos dirigíamos a todo correr a donde las enfermeras a ver si teníamos la suerte de que aún no se fuesen a desayunar. Casi nunca tuvimos esa suerte. Teníamos que esperar a que volvieran de desayunar y nos dijeran que teníamos que llegar a las nueve que era la hora que teníamos la cita para coger los volantes. A ver quién se lo dice al maquinista del tren. Al final, nos daban los volantes; análisis, Rx-toráx, ECG y ECO. Primero análisis, que la niña aún estaba en ayunas. Llegábamos, se había acabado la hora de extracción, pero ya se sabía la canción de que los de fuera siempre llegan tarde y había una enfermera te pinchaba. Os voy a confesar algo, era el único momento que lo pasaba mal, y las montaba, porque yo era muy buena, pero cuando había una aguja por medio, me convertía en la terrible Hulka. Eso sí, al final me pinchaban.
Llegaba el momento de desayunar. Nos íbamos al sírvete tú mismo (léase self-service) del hospital, y mi madre me dejaba cogerme un pastel con el cola-cao. Come rápido niña que aún nos queda el resto.
Venga corriendo, hazte la placa. Ponte de frente, las manos en la cadera, pégate bien a la placa, "¡qué fría está, leñe!; - Cuando yo te diga aguanta la respiración niña - te decían, y seguían - respira, no respires, ya puedes respirar. 
- Ponte de lado,brazos arriba. ¡Uy, si ya te lo sabes!. Pégate bien, respira, no respires, ya puedes respirar. 
Tú mamá te vestía corriendo, corre, corre, al electro. Puro trámite, porque te lo hacían nada más llegar. Eso sí, vuelta desvestirte.
- Ahora quieta, no te muevas nada.- Caca, moví el ojo.
Vístete, corre, al ECO. Aquí a esperar hasta que te toque. Te toca, desvistete. Se hacía en una sala semioscura y además era mucho tiempo, casi estaban media hora andándote con esa cosa por tu cuerpecito para ver manchas incomprensibles en una tele. A mi me venía muy bien, porque siempre me dormía una siestecita. - Venga Mónica ya hemos terminado, vamos a llamar a tu mamá, te vistes y te vas ya.
Así era la mañana. Si quedaba tiempo, íbamos a llevar la maleta a la pensión dónde solíamos pasar la noche, sino comíamos antes, en le sírvete tú mismo, y cogía lo que me daba la gana, porque mi madre esos días me consentía de todo. Si, si, incluso un pastel de postre.
Las tardes de esos viajes eran de paseo. Visitábamos algo de Madrid, o íbamos a un centro comercial cerca, La Vaguada, que ya forma parte de mi vida. Hace mucho que no voy, pero tengo que reconocer que cuando voy aún me recorre algo por el cuerpo, y eso que ha cambiado con los años.

sábado, 9 de abril de 2011

hablemos de sexo

Un tema que aún es difícil de hablar, a pesar que ya no es tabú es el sexo y la sexualidad. Pero si lo llevamos al tema de las cardiopatías ya muchos piensan en presuposiciones erróneas. ¿Tenemos más peligro de mantener relaciones sexuales como los "demás"? Supongo que si tenemos riesgos, seríamos advertidos por los médicos, pero si nos dicen, puedes llevar una vida normal, se supone que en esa vida normal está incluido el poder mantener relaciones sexuales. Pero siempre queda la duda, porque claro, corazón "débil", más probabilidad de que falle en un momento íntimo, y si vimos pelis (existe una comedia) donde a un señor le da un infarto en plena relación, pues te da que pensar.
Personalmente, nunca me he planteado tal tesitura. Cuando me llegó la edad y decidí mantener mi primera relación, no me plantee si podía pasarme algo. Tú y tu cuerpo ya te dice que no va pasar nada, así que mantuve mi primera relación y las siguientes hasta el día de hoy, de forma natural y sin miedo nunca. Sé que el día que no sea así mi cuerpo ya me dirá que no lo haga.
Pero una relación sexual suele ser una cuestión de dos, y en eso si encontré, muy poquitas veces tengo que decirlo también, prejuicios por presuposiciones de nuestra supuesta debilidad, y no valla a ser que me acueste con la chica y empiece a darle algo malo.
Para los que tenéis niñ@s, tenéis que saber que crecen, y si ya es difícil hablarle de sexualidad y sexo, os entra la duda de como tratar el tema si es cardiópata. Ya no solo está el tema delicado en si, sino pensar que tu hij@ va a poder mantener relaciones con toda normalidad y que no pase nada. Una recomendación os doy, hacerlo de forma normal y natural como lo hariais con cualquier otr@. Hablarle de lo que es, con las recomendaciones que creais oportunas, y siempre desde la salud sexual, no desde la preocupación de la cardiopatía.

mércores, 30 de marzo de 2011

día de visitas

Hoy tocó día de visitas. Primero cardióloga, después farmacia y finalmente marcapasos. Todo bien. La pila del marcapasos sigue con energía. Es la tercera. Las anteriores duraron cada una siete años, así que cambié las baterías en el 97 y el 04. Esta tiene pinta de durar más. Ya que este año tocaría cambio, pero se ve que aun le cuerda para rato, claro que si sigo dándole caña, a saber. Próxima revisión en seis meses.
En la farmacia me han surtido para dos meses.
Pero lo mejor del día ha sido la visita a la doctora. Llegué allí, me metieron directamente en la sala del eco y cuando entró: 
- Tengo muchas cosas que contarte - le anuncié toda contenta.
- Serán buenas - secundó.
- Buenísimas. La primera es que trabajo.
Le expliqué lo del trabajo, donde trabajaba, que hacía, algo de la empresa, ect. Pero después le conté lo del blog y la entrevista. Cuando pasamos al despacho se paseó por internet y leyó algo del blog y algo de la entrevista que finalmente imprimió. Creo que le gustó la iniciativa y lo que estaba haciendo.
Hoy en la consulta, también me explicó lo que me habían echo con la fontán. Me informó de cuatro cosas que no sabía como lo de la hipertensión pulmonar. Bien, y me he enterado que no puedo subir a montañas altas, ni al Teide, una de las visitas que un día quería realizar. Tampoco viajar en avión durante muchas horas, ya me dirán ustedes como voy a visitar ahora Buenos Aires, ciudad que desde hace diez años me ilusionaba ver y pasear. De lo demás, todo muy bien. Eso ya lo sabía yo, pero está bien que la doctora te lo confirme. 

Me gustaría también recordar a los que me siguen que hay un grupo del blog en el caralibro (léase facebook). Me gustaría conoceros, saber quienes sois, incluso las personas de Croacia y Japón, que me tienen muy intrigada. Además tengo ideas para que el blog sea mas participativo e interactivo. Venga, animaros y vereis, si no os gusta, siempre os podeis salir.
El grupo es: blog de moka: diario de una fontan.

martes, 22 de marzo de 2011

o guindastre

La aventura de hoy es para demostrar lo despistadita que soy. 
Hoy me he llevado el coche a trabajar para hacer unos recaditos que me hacía falta para el mismo. En el primer recado que hago, veo un sitio de estacionamiento y aparco el coche. Desayuno y cuando me dispongo a entrar en el juzgado veo que Cachuli (nombre del coche de mi papá) sigue allí tranquilamente. Realizo el trámite, nada, diez minutitos escasos. Cuando miro hacia donde debería estar aparcado Cachuli, hay otro coche, y además veo que una grúa se está llevando el coche que estaba aparcado al lado, y otra más a la espera para trabajar. Giro la vista hacia la izquierda y veo el guindastre (grúa en gallego, es que me hace mucha gracia el término) que se lo lleva, atadito, como si fuese un perrito malo. 
- PÁRELOOOOO - le dije a uno que estaba debajo.
- No se puede, ya tienes que ir a por el depósito.
Aunque os parezca mentira, me dió la risa, esa risa entre tonta y nerviosa. Le pregunté, por el número de tefefono del depósito municipal.
Llamé: -Buenos días, me llevaron el coche, ¿cuánto me cuesta sacarlo?
- ¿Qué marca es?
Se la digo.
- Aquí no trajeron ningún coche de esa marca.
- Va de camino.
Me dice el precio. Me costó exactamente, 53.11€, multa aparte que llegará a casa de mis padres un día de estos.
Para allá tiro, a la parada de bus de la línea corrspondiente, unos diez quince minutos a pie. ¡Bien! Me pasa un bus nada más poner el pié en la parada. Me bajo en la parada correspondiente, y tengo que caminar otros cinco minutos. Hoy llevaba zapato plano, sin problemas.
Llego, y desde la recepción veo a Cachuli, allí, solíto, como preparado para salir, sabiendo que iba a su rescate. Pago, me monto, acaricio el volante, enciendo la radio, y le digo: - Tranquilo, ya nos vamos de aquí.

P.D.: había aparcado en el sitio reservado para la fiscalía.

luns, 21 de marzo de 2011

una tarde de senderismo

Ayer hizo una tarde expléndida de primarvera. Así que que mejor plan que ir de picnic (léase comer en el campo, haya o no merendero) y luego hacer un poco de senderismo.
Era una buena idea a las ocho de la mañana cuando nos despertamos y nos levantamos. Si, leeis bien, ¡un domingo, a las ocho de la mañana y ya me despierto!, mi ciclo sueño-vigilia ya es de mujer trabajadora. Nos fuimos al Parque Natural del Río Barosa. Llegamos después de pasar la mañana paseando por un mercadillo y haciendo unas compritas para renovar el armario de primavera-verano.
Cuando llegas ya ves las pequeñas cascadas que hace el río y que cuya fuerza hidráulica era aprovechada antiguamente por los molinos que se ven en su margen derecha.
Yo ya tenía hambre, así que nos disponemos a buscar un sitio, pero todas las mesas ya estaban ocupadas, así que tiramos las toallas a la sombra de unos arbolitos a la orilla del rio. Instalados, nos hicimos los bocatas y luego de comer me tumbé. Después del paseo mañanero y los bocadillos mi cuerpo pedía siestita, pero mi novio paseito, y mi cuerpo siesta y mi novio..., ganó mi novio.
Comenzamos la ruta cuesta arriba, por escaleras y lo que hacía de amago las escaleras. Mi cuerpo no me respondía al medio minuto quería dimitir, pero la mirada de mi novio me decía que ni se me ocurriese. Seguí subiendo y llegamos a un descansito donde había un banco donde bien me sentaba yo. Estaba ocupado por una chica que nos dijo como estaba señalado el sendero para ir siguiéndolo, además de decirnos que era de cuatro kilómetros; ¡cuatro kilómetros de subida!, me planto, ¡yo me planto!. Mi novio comentaba que no podía ser subida todo, que seguro que luego era llano. Lo miré con cara de; ¡más te vale! Así que seguí un rato a ver si era verdad. Y era verdad. Un poquito más arriba el sendero era llano, mejor o peor transitable, con algún obstáculo, como el de pasar por debajo de un tronco caído, o de cruzar un pequeñito reguero. Lo que siguió de la tarde de senderismo fué hermoso. Si caminabas en silencio, aparte del sonido del correr del río, podías oír como pequeños animales se movía por la maleza o los árboles, así como, el cantar de los grillos.
Llegamos al final de la mitad y dimos la vuelta. En esa parte de la ruta, encontramos una piedra que se metía en el remanso de un río. Mi chico tuvo la idea de sentarnos allí a descansar, yo la idea de descalzarnos y mojarnos los pies en el agua del río. Dos ideas grandes. En un momento dado, allí sentados, nos quedamos callados, y de pronto nos dimos cuenta del sonido del río, era tan, tan, tan... relajante. Daban ganas de quedarte alli horas escuchando ese ruidito tan arritmico y acompasado a la vez y con los pies fresquitos, pero ya sabemos que todo lo bueno se acaba, así que cuando consideramos que era oportuno volver, nos calzamos y retomamos la ruta. Esto os digo; mis pies iban como nuevos.
Después de hora y media caminando, y ya cuando nos quedaban cuatro escalones para llegar al punto de inicio, voy, y me caigo. No pregunteis cómo, yo supe que me había caído, cuando estaba en el suelo. Así de rápido pasó, que no se si resbalé o me falló la rodilla, o qué sé yo, solo se que de pronto estaba con el culo y toda la espada en el suelo. Sintomas: dolor difuso en la zona posterior-lateral-izquierdo. Sin diagnóstico que cause baja laboral.







sábado, 19 de marzo de 2011

mi padre

Hoy es el día del padre, así que no encuentro mejor ocasión que hablar de mi padre.
Mi padre es uno de los numerosos hijos de mi abuela. Debió de decidir montar un equipo de fútbol, porque se pasó media vida embarazada. Sobrevivieron a los dos años once de sus hijos, pero yo solo llegué a conocer siete tías y tíos. Hoy en día solo quedan seis de esos niños. Podéis imaginaros, tantos niños en una casa pequeña y pobre. Así era, por eso mi padre comenzó a trabajar con sólo trece añitos. A los dieciseis se embarcó en un pesquero que naufragó cerca de Francia. Esa fue la única vez que mi padre trabajó en la mar. Luego, como la mayoría de sus hermanos decidió emigrar y acabó en el año 1968 en Francia. Se casó con mi madre en 1971 y se la llevó a Francia, allí comenzaron a formar una familia.
Se podría decir que mi padre era el padre típico, el que trae el dinero a casa, delegando la educación de su hijo e hijas a su madre. Yo no creo más bien que la portavoz de las decisiones era mi madre, por eso daba la sensación de que no tomaba parte de nuestra crianza. Pero debido a eso, a veces ocurrían situaciones a menudo curiosas.
Podía pasar que quisiera ir a dormir a casa de una amiga, que dicho sea de paso, realmente era para salir de fiesta hasta altas horas, le solía preguntar a mi madre como era de costumbre.
- Máma, ¿puedo ir a casa de mi amiga?.
- Pregúntale a tu padre.
- Papi, ¿puedo ir a casa de mi amiga?
- Pregúntale a tu madre.
- Ella me dijo que te preguntase a ti.
En momentos así, mi padre ponía cara de circunstancias, de no entender la situación. Ante tal anarquía, Mokiña no se iba a casa de su amiga, sino que salía hasta las tantas de fiesta.
Una de las miniconversaciones que recuerdo de mi padre, fue una vez que yo salía con un chico mucho mayor que yo. Estaba claro que mi familia no estaba muy de acuerdo. Mi madre me lo recordaba a menudo, y miraba con mala cara cada vez que me llamaba a casa o salía con él. Un día bajé al sótano donde estaba trabajando mi padre. De pronto me dice:
- Mónica, a ti te gusta es chico.
- Si.
- Pero es muy mayor.
- Ya.
- Es que el tiene más experiencia, y puede hacerte mucho daño.
Me sorprendió. Normalmente era el que dirán. No, mi padre era la preocupación de que a su hija la hicieran sufrir. Creo que esa cualidad de la lógica y la práctica de mi padre, es de las que yo he heredado, o de las que he aprendido de él.
Mi padre, al que le encanta el campo y cuando puede se escapa a la aldea a meterse en su sótano. Mi padre, el que nos amenizaba las cenas con malos chistes en un mano a mano con mi hermano. Mi padre, el que nos llevaba a veces a la playa y se hinchaba a comer berberechos en un mano a mano con mi hermana. Mi padre, era ese que solo podía venir a Madrid cuando me intervenían y luego se tenía que volver a Galicia hasta que me daban el alta. Mi padre.
¡FELIZ DIA DEL PADRE!

martes, 15 de marzo de 2011

el bichocán

Leyendo el blog, parece que sólo tuve aventurillas de niña. Pues no es así, es más hoy os contaré una que ya tuve de "mayor".
El verano pasado me fui de camping con mi novio. Un camping con una playita al lado, tranquilito, porque mayormente era familiar. Enclavado en un marco natural con flora y fauna a observar, o eso dijeron por la megafonía a mediatarde.
Allí llegamos por la mañana. Montamos nuestro chalet de lona, ¡que trabajito nos ha costado!. Pasamos la tarde y a la noche nos disponemos a dormir en la habitación. Como hacía algo de calor, decidimos dormir con la cremallera sin echar, es decir, con la puerta de la habitación abierta. 
Todo comenzó a la una y media de la madrugada. De pronto noto que el colchón se mueve y me despierto y veo un animal a mis pies. Al incorporarme con el susto el animalillo también se asustó y paso a lo que seria el salón del chalet de lona, mientras yo despierto a mi novio: -Cariño, cariño, hay un "bichocán" (léase bichoperro) en la tienda. Él se incorpora y con los ojos aún pequeñitos centra su vista en el animal y dice tranquilo: - ¡Si es un zorro!  - Vete, vete - le dice al zorro agitando la mano. El zorro todo obediente se va de nuestra casita. Yo cierro la cremallera.
Las tres y media de la mañana. Me vuelvo a despertar porque oigo a gente hablar fuera de la tienda. Agudizando el oído, oigo (valga la redundancia) que están hablando del zorro y que a uno de los niños de la tienda de enfrente le hizo daño cuando ambos se asustaron. -Cariño, cariño- vuelvo a despertar a mi novio - a los de enfrente les atacó el zorro. Nos levantamos y nos unimos al grupo que estaba ya buscando si el zorro seguía en el camping. El grupo lo formaban los padres, un chico de otra tienda a la que el zorro también había entrado y el gerente del camping con un perro. Charlando, dedujimos que el zorro estaba acostumbrado a los seres humanos, que no les tenía miedo; que ya en alguna ocasión alguien le habría dado comida y ahora entró a buscar. En algunas tiendas había bolsas revueltas. Allí estaba la cuestión: el zorro quería comer. Nos volvimos a dormir, en mi caso más bien a intentarlo.
Cuando ya por fin comenzaba a dormir, a eso de las cinco y media, mi cerebro volvió al sentido de alerta: ruidos en la tienda. Oía como el zorro removía por las maletas. - Cariño, cariño, el zorro está en la tienda. Mi novio despertó y también oía al zorro revolver. - Fuera, fuera-. El zorro que oía pero no nos veía comenzó a correr por la tienda, dando vueltas por la lona que hacía de habitación, y mi novio, dando con la mano y el pié para que se fuera, hasta que cuando estiró un pié, el zorro que se sintió atacado por la lona le clavó el diente, y además de hacerle un agujero a la lona, casi le hace a un dedo del pié de mi novio. Lo oíamos correr, subirse al sofá, hasta que se fue. 
Volvimos a salir de la tienda. Fuera seguían los padres y el gerente que iba detrás del perro que perseguía al zorro. Nada. Desapareció. Pero mi nerviosismo estaba ya en su punto más álgido. ¿Cómo dormir?. Seguro que no sería capaz. Así que decidimos vestirnos y coger una toallita para dar un paseo romántico por la playa. 
Lo que tiene que pasar, para un paseo romántico de madrugada a la luz de la luna y con el murmullo de las olas como música de fondo.
¡Ah! Volveré.

sábado, 12 de marzo de 2011

japon

Hoy no voy a escribir nada de mi. Pero sé que alguien me sigue desde Japón. Así que hoy este pequeño detalle de mi parte, para ese o esa que me sigue desde allí. Os deseo todo el ánimo para que podáis, y podréis salir y seguir adelante.

domingo, 6 de marzo de 2011

carnavales

Ya estoy en casa, en el sofá, descansando del fin de semana. Ayer, salí con mis amigas en A Coruña para celebrar el carnaval. Cenamos y luego salimos de fiesta, y por la calle se veía a casi todo el mundo disfrazado. De pronto, ves que mucha gente se disfraza de sus dibujo animado o ídolo favorito de la infancia, y no solo los niños. Digamos que los chicos y chicas de nuestra edad también se retrotraen a la infancia, y de pronto ves a alguien disfrazado de Arale, un grupo de desollinadores y a Mary Poppins, o los lagartos de V. Nosotras no fuimos menos, y directamente nos disfrazamos de niñas pequeñas. Imaginaros, cinco niñitas con mandilones de colores chillones y dos coletas con los lacitos a juego, coloretes, pequitas y una piruleta tan grande que nos podíamos esconder la cara detrás de ellas.
Pero, ¿qué hacían estas niñas en la infancia en carnaval? Pues yo, seguía la tradiciones de mi aldea. Te disfrazabas de "choqueiro" (dudo que haya palabra en castellano para este concepto), es decir, una falda de tu abuela, una camisa de tu abuelo, el mandil de tu tía. La cuestión era ir los más irreconocible posible, así que careta que te asfixiaba, y un palo para alejar a alguna persona indeseable que se acercaba alejarlo. Ni que decir tiene que no engañábamos a nadie, y todos nos conocían, aunque cada vez que nos intentaran hacer hablar movías la cabeza como una loca diciendo, ¡no, no, no! Pues así nos juntábamos algunos niños y niñas, con aquellas pintas de andrajosos y harapientos e íbamos casa por casa para pedir. Si, como si en navidad fueras a pedir el aguinaldo, pues la tradición en mi aldea era esa, ir a pedir, supuestamente filloas y orejas (ambos postres típicos de la época en Galicia) pero realmente te daban dinero, bueno dinero, alguna monedilla, si llegabas a los 20 duros, e decir, 100 pts (al cambio unos 60 cents de €) a dios gracias. Pero bueno, ya juntabas monedillas para los chuches del domingo. Pero creo que nunca nos llegaría para comprarnos una piruleta como la que llevábamos ayer.

sábado, 26 de febreiro de 2011

el miedo

Según la wikipedia, el miedo se define como: "una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano."
Heredamos esa emoción básica del instinto animal que como tales aún conservamos del miedo al depredador, una emoción, que hay que decir era el aviso para la activación de los mecanismos de defensa de evitación o huida. Mirar si es básica, que el miedo neurológicamente está situado en el sistema límbico, el cerebro más primitivo que conservamos los seres humanos a través de la evolución.
Pero, eso, los humanos evolucionamos, y nuestras emociones con nosotros, y ya no es solo tiene la función de alerta para la supervivencia y adaptación al miedo. Nosotros, los seres humanos, que todo lo racionalizamos, también mezclamos la emoción básica del miedo con la complejidad del pensamiento. Lo que nos llevó a que pasara de ser de emoción básica a una compleja emoción. Ya no sólo tenemos miedo a los depredadores sino a nosotros mismos.
Uno de los miedos que tenemos las personas, el más grande -seguramente- es la pérdida de un ser querido. Es adaptativo de cara a la supervivencia, mayormente no, es más, puede llegar a ser muy desadaptativo, dependiendo de las consecuencias a donde se puede llegar con ese miedo. Se puede llegar a racionalizarlo -o desracionalizarlo- de forma tan extrema que ese sentimiento puede llegar a destruirnos, y no solo a nosotros, sino a la gente que nos rodea más íntimamente.
Pero los seres humanos hemos evolucionado, no solo en el miedo, sino también en combatirlo. No solo tenemos los mecanismos de evitación y huida, que para nosotros incluso sería los dos peores mecanismos en ciertos momentos, sino en enfrontarnos a él. Disponemos de mecanismos más complejos para hacerle frente. Simplemente hay que conocerlos y lo más dificil usarlos.
Pero, ¿cómo?. Primeramente, debemos saber el "sentimiento desagradable" que la emoción de miedo nos provoca; soledad, angustia, rabia, ... Muchos de ellos, fáciles de disminuir o incluso hacerlos desaparecer, con acciones como compartirlo o realizar actividades para descargar todas las sustancias nocivas que provoca físicamente sintamos esa angustia y rabia.
Sé que las madres que leen este blog, sienten estas cosas ante la posible pérdida de sus hij@s, digo madres, porque aún no he tenido consultas o comentarios de los padres, pero seguro que muchos habrá. Ceñíndome a un caso concreto que me han comentado estos días, y cuya madre siguiendo mi consejo de "nunca lloreis delante de l@s niñ@s", se puede llegar a acumular mucha angustia y rabia (mayormente síntomas fisiológicos) que por falta de tiempo, ayuda, ganas o lo que sea, no se contraatacan, por lo que se van acumulando y acumulando, y el sentimiento desagradable aumenta progresivamente, lo que puede llegar a ser muy nefasto en ciertos momentos, y en ciertos momentos críticos donde ya se debería haberse desecho de los mismos para tener tranquilidad y esperanza.
Suelo recomendar a estas madres -pero pueden practicarlos padres y otras personas que vean que lo necesiten- salir a pasear solas si quieren llorar, acompañadas si quieren desahogarse y nunca jamás con el/la niñ@, salir a correr, saltar a la comba, irse a un descampado a gritar, pegarle a un saco de arena, romper una vajilla,.... o hacer una actividad que les guste en su tiempo libre. Porque esa es otra, todo su tiempo es para su hij@ y no debería ser así, debería tener algún tiempo de la semana para ell@s, con su pareja, amig@s, ir a tomar un café, al cine, al teatro,.... Porque madres -y padres- también teneis que aprender que vuestr@ hij@ puede estar tranquilamente unas horillas sin vosotr@s, teneis que aprender a compartir su cuidado y a que se puede delegar ese cuidado a otras personas de vuestro entorno.
Espero, que esto os ayude en algo, no solo a los madres y padres, sino al resto de la gente que puede tener miedo.

sábado, 19 de febreiro de 2011

el primer día de instituto

He contado cosas de mi infancia y cosas actuales, pero aún no he contado nada de mi adolescencia.
No ha sido una época de mi vida muy buena, no ha sido malísima tampoco, pero no tengo la sensación de que haya sido importante en mi vida, o si lo fue, pero como no tengo muy buenas sensaciones de ella; prefiero obviarla. Quizás por eso, consciente o subconscientemente, mi disco duro haya degradado al fondo de su memoria esos años. 
En esos años, solemos estudiar en el instituto. Cuando yo fuí, aún existía el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y el COU (Curso de Orientación Universitaria). Si los cursabas en edad normal, pasabas cuatro años que iban desde los 14 a los 18. Mi secundaria fue nefasta, es decir, peor que mala. No  me adapté al centro en el que me metieron, y al que yo no quería ir, ni me gustaba estudiar en absoluto. 
No contaré en esta entrada, y pueda que en ninguna otra, como fui arrastrando asignaturas de un curso para otro hasta que en un primer intento lo abandoné después de repetir el COU. Pero si contaré como nunca me adapté a un instituto que a pesar de que era público en cierta forma parecía privado. ¿En qué? os preguntareis, pues en los alumnos (la inmensa mayoría) que a el asistían. Casi todos eran lo que denominamos en España pijos. Que me perdonen amigas y personas que allí han ido a cursar sus estudios, pero era así. 
Llegué a un instituto donde la mayoría eran hijas e hijos de abogados, catedráticos, doctores, maestros, empresarios... que con sus posibilidades vestían mejor que yo (marcas) e miraban a gente como yo que vestía ropa del mercadillo y eramos más de pueblo. Con la edad sabes que no todos eran así, pero de aquella te sentías fuera de lugar. Pero no me quedó otra y fui allí a "estudiar".
El primer día de instituto descubrí otro mundo. Allí entré en aquel antiguo edificio de piedra que parecía más un convento que un centro de estudios de secundaria. Entré por la puerta donde había una lista donde te designaban el grupo de 1º de BUP y el aula a la que te deberías dirigir. Me dirigí al pasillo donde se encontraba mi aula y fuí descubriendo corrillos de muchachas cuchicheando con muchachas todas monas incluso maquilladas y con taconcitos (¡dios mío!) y muchachos hablando más alto con muchachos con sus pelos todos engominados (¡idem!), y lo peor de todo, todos se conocían de su colegio, y de mi colegio no iba nadie. Yo no conocía a nadie, no tenía amigas con las que cuchichear sobre nada, yo no tenía amigas ni nada sobre lo que cuchichear. Pero aún hubo algo que me alucinó más en ese pasillo, había una niebla difuminada a lo largo del mismo. La mayoría de las muchachas y más mayoría de los muchachos tenían entre sus dedos cigarrillos que entre cuchicheo y frase aspiraban para soltar el humo, ellas con una cadencia glamurosa de "este lapiz de labios realza su carnosidad" y ellos con un soplo más intenso de "nenas, aquí llegó el mas chulo de la ciudad". 
Aún así, tengo algo bueno que contar de ese día. Fue el día que volví a vivir plenamente después del duro postoperatorio de la Fontan. Había pasado un verano donde apenas salía de la cama y cada quince días ingresaba en el hospital con pleuritis. A partir de aquel día, madrugué y vivía el día a día para ir a "estudiar" al instituto y solo tuve una pleuritis más en el mes de enero (creo recordar).


domingo, 13 de febreiro de 2011

la entrevista


Cuando empecé a escribir el blog y luego ví la gran acogida que tuvo, un día con mi gente comenzamos a imaginar como sería si me hiciera famosa por el blog. A que televisiones iría, que países recorrería, etc. Eso con el tiempo, pero no pensaba que en poco más de dos meses me hicieran una entrevista para un periódico de Galicia. Como, está en gallego, la he traducido para que podais leerla.
 
 

NO CONTABA CON QUE SOBREVIVIRÍA, Y AQUÍ ESTOY.

Cada año nacen en Galicia unos 160 bebés con cardiopatía congénitas. Mónica Otero, hija de emigrantes retornados, vino a este mundo con una malformación de corazón que la hizo pasar varias veces por quirófano y llevar un marcapasos. Los enamorados no tienen la exclusividad de San valentín: la jornada de mañana es también de los afectados de este mal.
Cuenta mi madre que nada más nacer ya me metieron en una incubadora aún pesando más de tres kilitos tener buen color. A mi madre le dieron pocas alternativas, pero pasó el tiempo, los días, los meses, y los años. Y ya van 34...”
Lejos de ser un suplicio, cada cumpleaños es para Mónica más que un motivo de celebración. “Los médicos no contaban con que sobreviviera, y aquí estoy”, relata animada.
Su caso es el mismo que los de los 160 bebés que cada año nacen en Galicia afectados de un cardiopatía congénita. Mónica vino al mundo con un corazón a medias, esto es, con un ventrículo totalmente inutilizado. Pero ni cuando era una niña, ni en la adolescencia, ni en la universidad ni hoy, insertada en el mercado laboral, se sintió como “a enfermiña” que parecía ser. En el campo de futbol, como no podía correr, quedaba de portera; no dejaba de jugar al pilla-pilla, como todos, aún que “siempre me pillaban”; no le ha sido fácil sacar el BUP, pero “no por enfermiña, si no por perezosa”... Hoy sale a bailar hasta salir el sol, disfruta del sexo con su pareja y no se priva de viajar. Lleva una vida tranquila, a su ritmo, quien no quiera seguirla “que me diga donde me espera y ya nos encontraremos”, afirma, risueña.
Tiene su enfermedad totalmente asumida. “Es una cualidad que está en mi, no la puedo tirar a la basura. Sé que tuve una suerte que otros no tuvieron. ¿Que la asumo? Si. Yo digo que igual llego a vieja”.
Ventrículo (UV) con Estenosis Pulmonar (EP). Esa es su enfermedad o “eso decía mi madre cuando le preguntaban”. Gallega de pro, y criada entre Rianxo y Compostela, las circunstancias de la vida hicieron que Mónica naciese en París, allá por el año 76. Del vientre a la incubadora. Y sin muchos esperanzas, pero con una larga estancia hospitalaria hasta que pudo ira para casa, donde también estaba controlada. Cinco años después, se trasladó con su familia a España y encontró un hueco para ser tratada en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
En la capital francesa no se había contemplado la opción quirúrgica. Pero una vez llegada a Madrid todo fue muy rápido. A los seis años -cuando ya vivía en Rianxo- le hicieron “un cateterismo, y me intervinieron un año después”, me prepararon el corazón para, en un futuro y cuando creciese, le realizaron lo que se conoce como procedimiento Fontán, esto es, una conexión entre el corazón y los pulmones para regular el flujo sanguíneo. De hecho, ese “tubiño” le quedó al final un poco pequeño, y en algún momento puede desgastarse, pero por lo de ahora funciona bien. “Como dice mi cardióloga, mientras va, va”, bromea Mónica, cuyas limitaciones actuales se centran en el esfuerzo físico. “No puedo estar de pie mucho tiempo, porque me canso. Andando voy bien, pero a mi ritmo. Y como tenga que coger un peso sostenido... así que llevo una vida tranquila. Aunque vivo en un cuarto sin ascensor ¡y subo!” exclama orgullosa.
A parte de esas limitaciones, la infancia de Mónica fue, dentro de lo que cabe, normal, así lo deja claro ella misma en su blog “Diario de una Fontan” (mokinha1976.blogspot.com). No era la “enfermiña” que los vecinas y vecinos de Carballal (Rianxo) querían ver en ella. Lo confirma una amiga: “Puedo contar miles de anécdotas de la ´nena enferma` que non era tal... porque aunque se empeñaban en decirnos que estaba malita por su corazón, nunca vimos en ellas una niña triste mucho menos enferma... Los límites siempre los puso ella, y nunca dejó que eso le afectara en su relación con todos l@s niñ@s de la villa ni en su día a día” (extracto de una carta publicada en su blog).
A los nueve años, y ya recuperada de la primera de las operaciones, Mónica sufrió un absceso cerebral, de lo que también trataron en Madrid y que le dejó como secuela ataques epilépticos que hoy sufre con una frecuencia de uno al año, “más veces en épocas de estrés”, apunta.
Fue esa la principal razón por la que se trasladó a Santiago, por la proximidad del hospital en caso de crisis. “Venir desde allá (Rianxo) conduciendo 36 kilómetros con las carreteras que había...”, recordaba, para aclarar que los ataques se manifiestan con “convulsiones laterales a la parte derecha del cuerpo. Ahora ya las paso en casa, porque son parciales. Lo que si controlo es si me quedo inconsciente, para que llamen a la ambulancia”, dice.
Tras un cateterismo a los seis años, una primera operación a los siete años, llegada de Madrid, y una intervención por causa del abceso cerebral a los nueve años; a los trece se sometió al conocido como ´procedimiento del Fontán` y “a partir de ahí si me mejoró la vida. No estaba tan morada, oxigenaba mucho más, empecé a andar mejor... Ya tengo un tratamiento que me permite andar más ligeramente”, relata.
Mónica es hoy una adulta tratada por pediatras. Lo cuenta entre risas: “Nosotros no salimos nunca de pediatría, porque los especialistas de adultos son para cardiopatías adquiridas”, no sufridas desde el nacimiento. “Con 27 años -recuerda- fuí rebotada de Madrid al Clínico de A Coruña, a pediatría. Cuando llegué allí, nada más verme, preguntaron: ¿Y la niña? ¡La niña soy yo!
Mónica no tiene un primer recuerdo de su enfermedad. Es imposible cuando naces ya afectado. “Siempre estuve así, tu naces y ya te dicen ´enfermiña`. Es como si eres cojo desde pequeño. ¿Cual es tu primer recuerdo de cojo? ¡Yo he sido cojo todo la vida!”.
Tampoco recuerda sentirse discriminada. O si un poquito cuando al encontrarse con alguna vecina del pueblo que le preguntaba: “E logo ti de quen ves sendo?” (inciso: es una forma propia de preguntar en Galicia a que familias perteneces, por eso no la traduje) “soy nieta de tal. ¿Hija de quién? Y le decía el nombre de mi madre. Aiii... tú eres la enfermita, no?”, cuenta Mónica a quien todos conocen como Moka.
De su época de estudios se cuesta lo perezosa que se volvió al pisar el instituto y como fue arrastrando cursos hasta, con 21años, decidió que sería en la vida: “Llegué a casa y dije ´mamá, voy hacer una carrera`”.
Pasé por el instituto nefastamente -narra- pero no por mi dolencia sino porque pasaba. Lo típico era que dijesen: claro la pobrecita está enferma. ¡Pues no! ¡Era perezosa hasta decir basta!, afirma Moka. Cuando empezó el instituto le paso “como a muchos, que tienes que estudiar de verdad y no te apetece”. Así que no fue pasado los 20 años, y tras hacer el COU en horario nocturno, cuando accedió a la universidad. Y sacó adelante, a pesar de los problemas por el estrés -´me asfixiaba`-, la carrera de Psicología Educativa. De hecho consiguió una beca de estudios para ir a Granada, que le abrió las puertas a la independencia. Y así fue como Mónica marchó de casa.
Hoy, sentada en un bar de la zona monumental compostelana y compartiendo con ocio los secretos de su optimismo, se pone algo seria cuando tocamos el tema de los hijos. Su cardiopatía no le permite tenerlo por el elevado riesgo para el bebé. “el feto tendría falta de oxígeno durante los nueve meses, y eso si paso el primer trimestre. Además, es peligroso dejar la medicación, los neurolépticos por ejemplo, porque correría el riesgo de tener ataques”. Así que “el bebé tendría lesiones cerebrales o neuronales, y eso se sobrevive a los nueve de embarazo. No tendré hijos. Los médicos no me lo han prohibido, pero hay que ser responsables” afirma taxativamente. Además, y con lo complicado que está adoptar, disfruta de los sobrinos, a los que adora. “No los maleduco, los llevo a raya, en van a salir unos adolescentes rectos”, bromea Mónica.
En un tono más íntimo, nos cuenta que también disfruta del sexo con normalidad. Antes de probarlo, “yo me preguntaba... y el día que lo haga, ¿me pasará algo?” y comprobó que no. “Vas siendo consciente de lo que puedes y no puedes hacer. No tuve problema ni lo tengo hoy”.
¿Tienes miedo?” pregunta inevitable. Ella responde sin dudas: no. “Busco vivir y dormir con gente en la casa por el tema de los ataques, por si quedo inconsciente”. Pero fuera de eso, no tiene ningún otro temor. “Viví hasta los trece años de hospital en hospital. Como digo yo, un niño está enfermo cuando le duele, cuando lo van a pinchar, cuando le meten una sonda... Pero después, la vida es como cuentan en la película Cuarta Planta”. En el hospital, recuerda Moka, “juegas con las sillas de ruedas, como hay un pasillo largo...” narra.
Buenos recuerdos de una infancia que se suponía dura y de la que también ha extraido alguna revindicación: “Los profesionales que trabajan en pediatría, les tiene que gustar los niños”, porque deben afrontarse a lo que Mónica define como un ´paciente doble`: el niño y las familias, que “son un paciente más complicado”. Al especilista “le tiene que gustar y debe de tener mucho templanza, porque una madre cabreada...”.
La segunda enseñanza: “Las madres nunca deben demostrar debilidad ante los niños, son fuertes pero como vean a una madre llorar...”, opina Moka.
Le pregunté si la fecha de mañana, San Valentín, tiene un significado especial. Y claro que lo tiene. El 14-F no es exclusivo de los enamorados: es el Día Mundial de las Cardiopatías Congénitas, y como tal una jornada llena de significado para Mónica, que invita a poner un corazón en la foto de perfil de las redes sociales. Ella ya puso el suyo, por supuesto.
Llegando al final de la conversación, descubrimos algo más de la vida de Moka, que se autodefine como una persona ´práctica` y a la que le encanta escribir. De hecho, el blog es el primer paso de un reto en mente: escribir un libro a modo de guía para madres, que explicase “que los niños enfermos no están tan enfermos”, para eliminar esa imagen de ´pobriños`. “El niño es tan feliz en su santa inconsciencia. Si me tuviese que operar ahora, yo ya soy más consciente y oscreo que tendría mucho más miedo. Seguro que, a pesar de lo fuerte que soy, pienso, ´Ai, Deus, ¿y si pasa algo y no quedo tan bien?` ¡Bendita inocencia la de los niños!”

xoves, 10 de febreiro de 2011

re-acostumbrándome

Cuatro días de trabajo y hoy es el día que llegué menos cansada. Puede ser porque he salido antes (me echó el jefe, que se iban todos). Puede ser porque hoy no tenía compromisos y podía venirme directamente a casa. Quizás porque hoy comí en el comedor de la empresa y no me metí el tute de bajar a casa, comer rápido y volver para coger el bus y llegar a tiempo para la jornada de la tarde. 
Creo que yo y mi cuerpo se está re-acostumbrando a una nueva rutina. Madrugar y mucho, cuando despierto es aún noche cerrada, lo que me sigue dando bajón. Lo primero que hago es encender la cafetera que ya he dejado lista la noche anterior para tomar un café recién echo. Mientras sube a la segunda planta de la cafetera, me visto, me aseo, me pongo más mona (más que cuando iba a la biblioteca), y me sirvo el café con leche fría para poder metérmelo entre pecho y espalda en cuatro sorbos. Me lavo los dientes y cojo la bolsa donde ya tengo preparado esa cajitas de plástico herméticas (léase tupperware) donde se lleva la comida al trabajo. ¡Ala! a coger el bus y a trabajar por la mañana. Descanso de dos a cuatro, donde como y luego me doy un paseo si no llueve. El día que llueva tendré que buscarme una alternativa,  la más probable, leer. Jornada de tarde de cuatro a siete, y luego para casa. El resto del día para mí. Básicamente para descansar, viendo la tele, internet y contarle mi día a mis dos niñas.

luns, 7 de febreiro de 2011

independencia

Una de las cosas que nos hace sentirnos bien a las personas, es sin dudarlo, la independencia. Llegada una edad, es lo que deseas. Primero, en la adolescencia, como una forma de librarte de los pesados de los padres. Si, si, todos deseamos librarnos de ellos alguna vez. Después, ya deja de ser un deseo de apartarte de tus progenitores a un deseo para sentirte autorrealizada.
Yo me independicé por primera vez cuando iba a cumplir 25 años. Lo hice cuando el año que me fuí a Granada. Era un deseo mezclado aún de la inmadurez de la adolescencia de librarte de tu madre, de sus horas, de sus normas de casa, de con quién vas, con quién vienes, quién es esa, o ese, de quién llama, quién escribe, y el deseo de saber ya si realmente podía vivir sola, hacerme la comida, lavarme la ropa, organizarme la economía, llegar a fin de mes, no olvidarme de la medicación, además claro de hacer todo lo que me venía en gana sin dar una sola explicación a nadie. Personalmente significó mucho esa independencia. Puedo vivir sola.
Claro que eso no solo me lo demostré a mi misma. También lo pudo ver mi familia y mi madre. Nunca hablamos de ello. Pero estoy segura de que cuando me fuí a 1200 km de mi casa, al otro lado del país, mi madre no se quedaba muy tranquila. Por su mente pasaría pensamientos como los de "¿que comerá?, desde luego el pescado y la verdura ni la tocará", "se olvidará de la medicación", "seguro que andará por ahí hasta las tantas", no le voy a sacar de todo la razón, me olvidé algo la medicación, defecto de mi persona, el pescado lo justo, la verdura más, y si, cuando mis responsabilidades me dejaban me iba de fiesta y volvía a las tantas. Al final, creo que mi madre también pudo comprobar que no había sido tan malo, que a pesar de mi cabeza loca he sido bastante responsable.
Pero hubo algo que me sorprendió de mi independencia. El significado que le dió el cirujano que me atendió ese año en mi revisión anual. Cuando me planteó su pregunta favorita: - ¿qué tal te va la vida?.
- Bien,- le respondí- este año estoy en Granada con una beca.
- ¿Sola?
- Si, bueno no, con compañeras de piso.
- ¿Sin tus padres?
- Si claro, pero solo es un año - me apresuré a decirle cuando ví que el papel para el informe anotaba "es independiente"
- Es igual, lo importante es que te has ido de casa, aun que vuelvas (guiño de ojo), es muy importante que sepamos la vida que llevais, y que os independiceis es muy importante para nosotros.
Se ve que mi independencia era importante para más persona de las que pensaba.

venres, 4 de febreiro de 2011

odisea burocrática

Hoy tenía que presentarme en las oficinas de la empresa en la que me van a contratar a las 9:30 aproximadamente para llevar una documentación solicitada para el contrato. Así que a las 8:40 me planté en la parada de bus para no llegar tarde, y además comenzar a controlar la línea que usaré para ir a mi trabajo. cojo el bus y me planto en la oficina a las 9:15, y en la puerta de entrada cuando me dispongo a entrar me encuentro a mi futuro jefe, que me dió los buenos días y me dijo que el administrativo me esperaba. Subí, pregunté por el chico en cuestión y me preguntó si traía toda la documentación. Le traía todo lo que me habían dicho ayer por teléfono y un papel que yo supuse que había que presentar porque consideraba importante. Pues así era, pero resulta que tenía que llevar dos copias compulsadas. "- ¿Dónde lo compulso?". No se cortó en decirme: "búscate la vida". "¡Qué bien!" pensé. Además me mandó realizar otro trámite importante de cara a mi contratación. Luego me dijo que el martes comenzaba a trabajar a las 9:00. "Tráeme los papeles compulsados, que es muy importante". ¡Qué mañana me esperaba!, ¡y tanto!.
Volvía coger el autobús hasta una zona cercana a los dos sitios a los que decidí ir primero. Bajo del autobús y camino un pequeño paseo de casi diez minutos, bueno, por lo menos cuesta abajo. Entro en la primera Administración Pública (a partir de ahora AP) de ámbito local, y pregunto si allí puedo compulsar los papelitos. 
-Lo siento, aquí solo compulsamos documentación a la que damos entrada o que emitimos nosotros.
- ¿Sabe usted donde lo pueden realizar?
- No, pero prueba en este otro sitio. - Justo al que tenía que ir posteriormente a realizar el otro trámite importante.
Salí, crucé la calle y me dirigí al edificio en cuestión. A ver, información, información, donde está información, mira este guardia jurado. 
- Perdone, ¿sabe usted donde puedo realizar este trámite?
- En ese mostrador creo que le dan el número, señorita. 
Pasé de informarle que el tratamiento de señorita es ahora incorrecto, ya que está prohibido por machista, pero sinceramente, a mí me sigue gustando más que el de señora.
Cuatro pasos, siguiente mostrador.
-Perdone, ¿es aquí dónde tengo que pedir el número para este trámite?. Después de contestarme afirmativamente me dió un papelito con el número. - Su turno saldrá en esa pantalla.
-Gracias.
Estudié en que número estaba, y parecía que me iba a tocar pronto ya que solo tenía cuatro delante mía y así fué. En menos de diez minutos me senté ante la mesa de una señora joven que muy amablemente me atendió. Osé preguntarle si ella sabía donde podía compulsar los papelitos dichosos, a lo que me dijo, que probara en esta AP (una que ya tenía en la lista de posibles) o en esta otra. Bien, otra posibilidad, incluso más afín al tema.
Terminé el trámite sin ninguna incidencia y antes de volver a coger otro autobús para volver a ir a otra zona de la ciudad, sentí la necesidad de un café. Miré la hora, las 10:43, no era tarde, hasta las 14:00 está todo abierto, me tomaré un café tranquila. Crucé la calle y entré en la cafetería llena de gente. Bien una mesita vacía, para mi. Pedí mi acostumbrado café con leche con dos azucarillos mañanero. Desplegué el periódico y me puse a leer los titulares y parándome a leer más la noticia internacional que destaca estos días. 
Vamos, a por el siguiente autobús. ¡Qué bien!, llegar y besar el santo. El bus se presentó nada más acercarme yo a la parada. En eso, que mientras subo al autobús, meto la mano en le bolsillo. ¿Dónde está el bonobús? ¿el bonobús? Lo que me faltaba, perder el bonobús, ahora que lo voy a necesitar para ir al trabajo. Bueno, hay prisa, pago un euro, mientras me siento, sigo buscando el bonobús, nada lo perdí. Decisión: el lunes solicito otro.
Bajo, y decido ir primero a la AP que me sugirió la señora del trámite. Nada, paseito de casi quince minutos, cuesta arriba y cuesta abajo. Llegó y me dirijo a información. Me atiende un señor muy jovencito con un piercing en el labio (lo que le dá imagen de funcionario enrollado). 
- Mire, perdone, ¿sabe usted dónde podría compulsar esta documentación?
- Aquí no compulsamos documentación. Lo tiene que compulsar un notario.- Cosa que ya me había dicho la señora de la AP local, y que yo sé que no es así, por ley, que me lo tuve que estudiar para las oposiciones.
- Pero es que es una documentación que al final van a enviarla aquí, y en los otros sitios me dijeron que las documentaciones que entran y salen de su organismo, la compulsan ellos mismos.
El chico me miró con cara de, "ah, si?" y me dijo que preguntara a su directora. Me dirigí al despacho que me había indicado, dí unos golpecitos en la puerta, -¿Si?. Abriendo la puerta un poquito con timidez y dispuesta a preguntar si podía pasar, -Espere fuera un momentito.- Estaba con alguien, esperé a que saliera y este ya me indicó que podía pasar.
- Buenos días. - Me saludó educadamente una señora de mediana edad con cara muy sería. - Dígame.
- Pues mire, yo quería compulsar esta documentación para este otro asunto, y en esta AP y esta otra AP, me dicen que ellos no son los competentes.
Me cogió los papeles y los miró, volvió a mirarme y dijo: -Esto lo tiene que llevar esta AP, ellos debería tener que compulsártelo. 
Ya me imaginé ir de vuelta hasta otra punta de la ciudad, o a saber donde, mientras la señora buscaba el número y llamó a la AP,  que le remitió la llamada a otro departamento y esta a otro departamento. La señora estaba haciendo lo mismo que yo, ir de un lado para otro, pero desde su silla de oficina. Como a la tercera va  la vencida, en el tercer departamento, le informaron que allí me lo compulsaría. Apuntó la dirección con una letra que tuve que preguntarle para descifrarla, y resultó que a donde me mandaba era allí al lado. 
Otro paseo de diez minutos y listo. Fué en ese momento donde por mi cerebro pasó el pensamiento "quién me mandaría a mí ponerme botitas con taconcito para causar buena impresión en la oficina".
Me presenté donde la dirección. Esta vez me atendió muy amablemente una señora joven, creo que más joven que yo. Ella sí podía compulsarme la documentación, y así lo hizo. Bien, por hoy terminé. Hasta el lunes que tendré volver a solicitar mi bonobús perdido, no piso una AP.
Ya sólo me quedaba el paseo de casi media hora para casita. Mierda de taconcitos. Pero por fin os estoy contando esto con unas zapatillas de casa. ¡Qué gustazo!

martes, 1 de febreiro de 2011

granada

Ya sabeis que he pasado un año en la Granada, o como la llaman allí, Graná. De mi instancia allí puedo contar mil cosas, pero hoy hablaré de la ciudad. Más bien hablaré de la ciudad como yo la recuerdo. No en vano ya casi ha pasado una década, y en diez años las ciudades cambian, y la memoria truca los recuerdos.
Yo vivia en la Calle Real de Cartuja a unos minutos de Puerta Elvira (foto).  Bajaba hasta allí para traspasarla. Desde allí iba a la plaza donde estaba el Cebollas Palas. El Cebollas Palas era un bar, más bien garito o antro donde destacaban fotos de famosos como Miguel Ríos o Karina cuando eran jovencísimos, donde te ofrecían unos litros de tinto de verano que te ibas a beber en reunión con los amigos en la plaza (del que no recuerdo el nombre) hasta que la Ley del Botellón ese año nos fué fastidiando el invento. Desde esta puerta también se accedía a la calle del mismo nombre, Calle de Elvira. Era una calle que se recorría hasta la Plaza Nueva. Una calle que me gustaba caminar, con casas bajas y blancas, unas con negocios pequeños y familiares, otras con pubs ya que era zona de marcha y otras directamente abandonadas. 
Recorriendo dicha calle en esa dirección hacia la izquierda se sitúa el barrio del Albaicín. Puedes coger cualquier calle y ponerte a callejear cuesta arriba y cuesta abajo por sus calles con cantos rodados, muy falsos cuando llueve (dos esguinces sufridos lo pueden atestiguar) entre casa blancas pequeñitas al lado de grandes cármenes (casa típica de Graná). Pero es casi al final de Calle de Elvira, donde a la izquierda puedes subir por una de sus calles más famosas, la calle de las teterías, de la que realmente nunca he sabido su nombre real. Esa calle se distingue por sus teterías árabes, donde descubrí el té paquistaní con leche, uno de los que personalmente más me gustaba y sus dulces típicos. En esa calles había, y supongo que sigue habiendo, también tiendas de recuerdos (léase tiendas de souvenires) donde podás encontrar de todo para decoración de estilo árabe y cachimbas por doquier.
Subiendo por esa calle, y siguiendo callejeando y callejeando cuesta arriba siempre, solías llegar al Mirador de San Nicolás (foto) donde puedes admirar la majestuosidad de La Alhambra. Ese mirador, sencillamente es mágico. No solo porque todos los turístas se acerca para sacar la foto perfecta, sino por el ambiente que tiene tanto de día como de noche. Siempre gente, siempre la señora vendiendo castañuelas y aprendiendo a los guiris como se tocan, siempre hippies vendiendo sus artesanías, alguien tocando la guitarra, o el bongo, o el acordeón, alguien dibujando, alguien haciendo malabarismo, alguien bebiendo cerveza, alguien fumando sustancias ilegales, alguien ...
Pero sigamos en Calle de Elvira, que si la seguimos hasta el final, aparecerá la Plaza Nueva (foto antigua). Cuando aquel año comenzó la primavera solía ir allí comprarme un helado y comérmelo sentada en un banco o siguiendo una caminata por la Carrera del Darro o también llamado Paseo de los Tristes. Es un paseo que se recorre por un margen del Río Darro. Hacia un lado casas grandes ya de otra época, que no son blancas sino de piedra, al otro el sonido del río amortiguado por la gente, mayoría turistas. Si te asomabas al muro podía distinguir patos y otros animales y desgraciadamente también suciedad, si alzabas la vista, podías ver como al otro margen del río se encontraba la colina donde se alzaba La Alhambra.
Volvamos a la Plaza Nueva desde donde accedías al barrio de Realejo, y por la Cuesta de Gomérez te podía adentrar ya en la zona de La Alhambra, donde yo normalmente accedía por la Puerta de la Justicia las dos veces que fuí a visitarla. ¿Qué contar de La Alhambra? Decir que es magnífica es poco. No existen adjetivos calificativos que puedan describirla acertadamente. Lo que sí voy a contar es que realicé un visita nocturna que organizaban por los Jardines del Generalife. Recuerdo que fue en el mes de abril, cuando la primavera está en todo su esplendor. Al ser visitas en pequeñitos grupos y el guía tuvo la consideración de no hablar, el  grupo íbamos en casi perfecto silencio, por lo que podías detectar el rumor de la brisa en medio de la ramas y  el del agua de las fuentes, y todo el olor o las mezcla de olores que te penetraba por la nariz, y todo eso con una luz tenue y un cielo despejado donde se podía divisar la luna llena que le tocaba por fase. Era otro mundo, como su viajaras a través del tiempo a la época donde los árabes aún la habitaban.
Ya en otra zona de la ciudad se encuentra la judería al lado de la Catedral. Lo que voy a decir ahora va herir el orgullo de los granaínos, pero la Catedral me ha defraudado. Lo que más me ha decepcionado fue su emplazamiento, entre calles, sin plazas a su alrededor desde donde poder contemplar alejada las fachadas completas. En el barrio donde está ubicado, hay minicallejuelas donde pasar era toda una odisea debido a la gran cantidad de turistas que se solía acumular para hacer sus compras en las tiendecitas de recuerdos. Otra cosa típica de esa zona, son las gitanas ofreciéndote una ramita de romero para la buena fortuna, que con perdón, si educadamente la rechazabas se ponían pesadas, pero "mú pesás". De esa zona también destacar la Plaza Birrambla, no solía ir, pero en ella hay unos puestecitos de flores muy bonitos.
Podía hablar más de Graná, de la Plaza de Triunfo, de la Calle Colón, de Mesones (donde están la tiendas de Inditex), y como no, del Parque de Federico García Lorca, digno de visitar, preferentemente en primavera.
Ahora una cosa os digo para terminar, lo mejor de Graná eran sus tapas. Eso de poder comer y cenar a precio de un par de consumiciones, no se paga ni con la mastercard.

sábado, 29 de xaneiro de 2011

el año que usaba palabras argentinas

Estando escuchado una radio argentina donde trabaja un amigo, y mientras mis muffins se hornean, he decidido de contar el año que hablaba en castellano con acento gallego y palabras argentinas.
Fué en el curso 01-02, donde con una beca Séneca-Sicue (una Erasmus, pero dentro del territorio español). Yo había decidido ir a Granada y allí fuí a parar. 
La noche de Halloween que copiamos de los americanos, conocí a un chico argentino que aquel año pasó a ser una persona muy importante para mí ese año. Fué una relación estraña, o no tanto, según se mire, pero la amistad que nos unió mientras duró fué muy importante, por lo menos lo fué para mi. Fué un apoyo incondicional en aquel año.
Tocaba con un grupo donde su lider era uruguayo. Descubrí el candombe, porque sí, Uruguay también tiene su música identificativa. De los mejores momento que pasé aquel año era cuando iba a sus conciertos. Como era ya parte del grupo musical, supuestamente la reportera gráfica, lo que le pagaban en especies también era para mi, así que cayó alguna cerveza gratis en aquellas noche musicales. Poco a poco, me fuí integrando en su grupo de amigos como una más, un grupo mayoritariamente de argentinos y alguno que otro uruguayo, donde pasaba mucho de mi tiempo libre, con todos aquellos hombres que había cruzado un océano para intentar mejorar su vida después del famoso corralito.
Fué el año en que comencé a saber el protocolo del mate. El año en que los asados era con chimichurri, donde tuve la agradable sensación del dulce de leche por mi garganta, donde brindé con la Quilmes, donde vi una botella de ginebra Bols desparramarse por el suelo para desesperación de algunos y guardaba los yogures en la heladera. Fué el año en que yo me vestía pollera con remeras, y mi ropa interior pasaron a ser corpiños y bombachas. De noche me tapaba con la frasada después de ir a boliches a montar quilombos. Fué el año en que Argentina perdió en la primera ronda del mundial, quizás porque la cancha no le era favorable, quizás porque el arquero tenía mal día, o quizás porque ya no jugaba el Dios Maradona. 

venres, 28 de xaneiro de 2011

tenis

Os podrá sorprender que estoy haciendo a estas horas de la mañana en casa y viendo ya la tele. Pues viendo tenis, Ferrer vs. Murray, semifinales del Open de Australia 2011, primer gran torneo de la temporada. Si amig@s, soy una gran aficionada al tenis, y actualmente una "Nadalista" hasta la médula, pero a falta de Nadal, habiendo aún un español y que por fin una tele en abierto se acuerda de los aficcionados al tenis (Cuatro), que menos que aprovechar.
Mi aficción al tenis viene desde muy niña, tan niña, tan niña que apenas sabía aún andar. Me la pegó mi madre. En Francia, este deporte es muy seguido, no solo por el Roland Garros, sino que lo ponían mucho en la tele (década de los 70 y 80) y a mi madre le encantaba. En verano, fin de semana si, fin de semana no, televisaban este deporte. Me cuenta mi madre, que los sábados iba hacia a ella, y le decia que pusiera el pum-pum pum-pum. Parece ser que me pillaba un berrinche cuando no había tenis. 
Cuando nos venimos para España, ya sabemos lo que es el deporte rey. De tenis ni hablar, hasta que por fin, Arancha, Conchita, Berasategui, Bruguera ganaban torneos y comenzaron a poner los cuatro grandes, hasta que vienieron las tele privadas y nos fastidiaron el cotarro.
Uno de los primeros partidos que recuerdo muy estresante para mí mientras lo veía fué el de Arancha Sánchez Vicario vs. Steffi Graf en el Roland Garros de 1989, donde la jovencisima española derrotó a la alemana. Claro que después esta última se vengó en los años en esa misma pista, en los años 1995 y el 1996.
Siguiendo con el tenis femenino, otro partido en el que disfruté también jugaba S. Graff, pero contra Martina Hingis. Lo disfruté por las polémicas declaraciones que había hecho la suiza (que estaba de nº 1 en la WTA) de que nadie la podría derrotar, porque sus contricantes eran "viejas". Ganó la Graff, y los disfruté como si fuese española. Actualmente el tenis femenino no lo televisan, razones obvias, no hay españolas destacadas, así que habrá que esperar a que alguna aparezca.
Actualmente, los duelos Rafael Nadal vs Roger Federer, son los que más me estreso y disfruto. Sabiendo que los dos parecen invencibles y los dos son vencibles, dándolo todo. Uno sin soltar una gota de sudor ni un gesto que denote su estado de ánimo y físico, y el otro sudando a la gota gorda y gritando en cada golpe con todo su cuerpo y su vida. Dos formas de jugar tan distintas y tan buenas las dos, que hace que estos partidos sean realmente especiales. Si gana el español, más aún.
Actualmente,  tenemos a la "Armada Española" que nos están dando muchas alegrías, tanto como equipo, como individualmente. Por lo cual, las televisiones se acuerdan de nosotros, y gracias a ellos, consideran esto como algo de interés publico y nos lo televisan más, por lo cual los aficcionados al tenis nos refrotamos las manos.
Si, soy una gran aficcionada al tenis. De esas que madrugan para ver tenis, que comen antes para ver tenis, o directamente no comen, que trasnochan por el tenis, que si salen de fiesta se vuelven a las tres para ver tenis, que no se va a una excursión si hay buen tenis. Que no se va de viaje si hay tenis. Bueno eso no, porque me perdí la final Nadal-Federer de Winblendon del 2008, del que solo llegué a ver de milagro el ultimo punto donde Nadal por fin ganó en hierba al suizo, por estar en un viaje con mis amigas en Barcelona.

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Para saber quienes me siguen y que hagais aportaciones que considereis oportunas, he creado un grupo en el caralibro (léase facebook) que es público, por lo cual creo que será fácil de encontrar y haceros miembros. Si teneis algún problema me mandais un privado a mi cuenta particular y yo os incluyo como miembros. Creo que así esto todo será mucho más interactivo.
El nombre del grupo es obvio. Blog de moka: diario de una fontan.
Animaros a participar.
 

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