martes, 28 de xuño de 2011

mi primer viaje de trabajo

el vuelo
Ayer emprendí mi primer viaje de trabajo. Estaba emocionada ante la perspectiva de conocer a las personas que ocupan mi puesto en las otras plantas de la empresa. La excusa es un curso de "Couseling laboral" que se daría en una planta que está cerca de Barcelona. Y para eso hay que coger un avión, lo que tiene varias dificultades. Primero, el equipaje de mano, que en la compañía aérea donde me habían reservado el vuelo son muy estrictos. Al final la maleta pasó sin problema.
Pero antes de poder embarcar en el avión, pasó algo muy típico de aquí; un retraso en el vuelo. Al final hemos salido una hora más tarde. Comienzas ha realizar tus cálculos temporales y ya ves que el poder cenar es más arriesgado. Esperas pacientemente al avión que aún debe aterrizar de un viaje anterior. Llega. Ves como bajan los pasajeros que trae, e resulta que es a pié de pista. ¡Madre mía!, vamos a tener que bajar a la pista para subir al avión por esa horrible escalerilla. Vas embarcando y para mayor seguridad esperan que estemos todos abajo, con nuestra ropa de veranito y una niebla de media tarde y un aire curiosamente frío pasando fresquito, lo ideal para pillar un pequeño constipado. Allí estás tú esperando a que den la orden para que desfiles en fila (más o menos india, menos que más) hacia la escalerilla mientras piensas si les daría tiempo a pasar las respectivas comprobaciones rutinarias entre un vuelo y otro. No sé si eso les dio tiempo, pero lo que ves que no les ha dado tiempo es a limpiar la cabina, estaba sucia.
Llegas por fin al avión, le sonries a la auxiliar de vuelo que te comprueba de nuevo la tarjeta de embarque, ves que es extranjera y te preguntas si sabrá hablar español. (Inciso: no es la primera vez que viajo en un vuelo nacional y auxiliares de vuelo no saben ni papa de español). Durante el vuelo comprobé que sí, con acento marcado pero sí. Vamos por el pasillo, este no me gusta, venga este, ¡ai, leches! que aquí no se puede guardar el equipaje que está roto, aquí, me da un poco igual que sea en ya en la ala.
- Mira perdone, me puede ayudar a subir la maleta- le pregunto al auxiliar de vuelo.
- No es mi trabajo. Sino tendría que subir 155.
Me retrasan el vuelo, me hace pasar frío y ahora esto. - No puedo coger pesos que estoy enferma del corazón. Me salió del alma. No suelo usar mi corazón como disculpa, pero ya estaba cansada, con hambre y con unas ganas de llegar al hotel increíble.
Lo mejor del vuelo han sido los paisajes, tanto el diurno como el nocturno, como si fuesen vistas del google earth, eso si, cuando las nubes que estaban por debajo del avión dejaban verlo. Cuando estábamos cerca de Barcelona, ver todas esos ríos de luces que me recordaban a algunos documentales que nos enseñaban para explicarnos las sinapsis de las neuronas. ¡Maravilloso!

la odisea para llegar al hotel
Después de recorrer metros y metros de pasillo para llegar a la "sortida" (salida en catalán) para coger un taxi que por fin me llevase al hotel y cenar, pasó lo que yo llamo la odisea para llegar al hotel. 
Me subo al taxi que me corresponde y le digo el hotel y la dirección. Me dice que no sabe donde está. Llamamos al hotel y una amable chica nos dice la autovía y la salida a coger, indicaciones que me parecía claras, pero me dio que el taxista se las estaba pasando de largo, pero digo, sabrá atajos para llegar al pueblo. Mientras hablamos un poco de lo típico, y resulta que es gallego, incluso nos ponemos a charlar en gallego. Llegamos al pueblo en cuestión y comienza a dar vueltas, al final paramos en una gasolinera y le dirigen, pero me parece que tampoco sabe mucho, y vueltas, preguntamos a un par de personas más y nada, al final le dicen que el hotel no está en ese pueblo si no que en uno de al lado, pero tampoco llegamos. El taximetro subía y subía, el tío ni GPS ni para pagar con tarjeta, ¡en el siglo XXI! Luego, le dije que me llevase al pueblo que ya llamaría al hotel para que me mandase un taxi. Pero ya no sabía salir de allí, estaba totalmente desorientado. Y para aquello era todo polígonos industriales, por lo cual comienzas a pensar de lo peor. Yo apunto de darme un infarto (figurativamente exagerado), y vimos un cartel; - Por   ahí le dije.
Ya entramos al pueblo de donde era el hotel, pues nada, busca un banco para poder pagar. Al final se conformo con lo que tenía en la cartera, que no era poco, me bajé del taxi, me bajó la maleta, y nada más arrancar me dio un ataque de llanto ansioso tremendo. Unas personas, que estaban en una terraza comenzaron a preguntarme, y yo entre llanto y llantazo intentando explicarle que había sucedido. Me dijeron que fuese a los "mosos de squadra" (1. pido perdón si lo he escrito mal y 2. es la policía autonómica de Cataluña). Primero fuí a un cajero, y menos mal. Llorando sin casi poder calmarme, me dirigí al cuartel y entro un poquito más calmada. Me dirigo a uno de los mossos que están en la recepción e intento explicarle la situación. Lo intento, porque entre la llantina que llevaba y que el señor solo era capaz de decirme en voz alzada; - Cálmese señora- A lo que yo acto seguido siempre me pongo peor. Pues como puedo le describo la situación y que por favor me den el numero de los taxis, y va el tío y no me pregunta si tengo dinero. Vale que tendría los ojos muy mal, pero creo que de loca aún no tenía pintas. Le dije que sí, pero insistió, incluso que pidió que lo mostrase. Yo toda ofendida, que dije que tenía dinero, el billete de avión, lo del hotel, y él con su cálmese. Al final me solicitó el taxi.
Llegó el taxista. Ya no lloraba, pero fue subirme, y cuando le quise decir donde quería ir, ¡ele!, llantina de nuevo. El taxista alucinado. Le pedí perdón y le expliqué lo que me acababa de pasar, a lo el taxista, empatizó conmigo, se solidarizó y aunque no directamente me relajó con su comprensión. Su calma fué lo mejor de la noche.
Deciros que llegué al hotel a las 12:35 y no pude cenar, porque no había donde.

mércores, 22 de xuño de 2011

22 de junio

Hoy es 22 de junio. Para muchos no es una fecha muy especial. He de decir que para mí debería ser más especial de lo que es, o por lo menos acordarme de ella, pero no.
Hoy llegué a casa, y aún no había ni soltados los bolsos el teléfono sonó, era mi madre. "¿Sabes que día es hoy?" Recordé que había puesto la fecha varias veces en trámites de mi trabajo, y enlacé con la fecha, y luego, de pasar a ser un día cualquiera, pasó a ser el día en que mi fontan cumple 21 años. Algunos le sorprenderá que no me acuerde de tal fecha. Creo que solo el primer año me dí cuenta de ella, luego pasó a ser un día cualquiera en mi vida, y así fué hasta el año pasado. 
Si, tal día como hoy, el año pasado, mi madre puso langostinos en la mesa para comer. Me sorprendió. Mi primer pensamiento fue "deberán estar de oferta en el mercado", pero le pregunté: - ¿Que celebramos?. Me respondió con toda la naturalidad: "Que haces 20 años que te has operado". 
Yo nunca he celebrado, ni creo que lo haga este año de forma especial. Sin ánimo de ser vanidosa, sé que tengo muchas cosas que celebrar. Estoy agradecida de la vida que tengo, y ahora que voy conociendo a más gente, sé de la suerte que estoy teniendo, tengo una carrera que me costó sacar, pero la tengo, ahora tengo un trabajo, un montón de amigos, unos mucho más íntimos, una gran familia que sacrificó mucho, a mi pareja.  He vivido una año en Granada, que fue de lo peor y de lo mejor que he vivido. He viajado, he conocido muchas de las ciudades españolas, muchos pueblos, y un par de ciudades del extranjero.
Quizás no corra maratones, ni haga escalada, ni pueda jugar un partido de tenis contra mi admirado Nadal, pero tengo mucho que agradecer a mucha gente, tanta que seguro que me olvidaría de la más de la mitad.
No lo celebraré, ni el año que viene, pero si llego a 25, la celebración será memorable, o se intentará que sea memorable.

sábado, 18 de xuño de 2011

dentista

Estoy en un bar de mi pueblo, que se va modernizando y ya tenemos cafeterías con WIFI, bueno vale, aquí no estamos muy atrasados. Vine a la aldea porque mi dentista trabaja cerquita da aquí. Es mi dentista desde niña, una argentina que tiene acento pero habla cada vez más español con expresiones gallegas. Hoy me sorprendió con un "mallado!" (expresión gallega que equivale a ¡perfecto!). Sabe ya mis pecularidades, ya me conoce, conoce mi boca, y conoce mi pereza con la higiene bucal, que poco a poco ha conseguido cambiarla.
Deciros que odio ir a la dentista, por muy bien que me caiga la doctora, y lo buena que sea. Odio tener a boca abierta y reseca durante mucho tiempo. Y luego ves todos los aparatos que nos meten en la boca: agujas de anestesia, brocas, alambres, algodón, papel. Esta es la segunda sesión de una muela, y le falta una para tapar el tremendo agujero que le hizo para la endodoncia. Y luego me toca otra y la limpieza, ¡a mano! que por tener marcapasos, nada de limpieza con ultrasonidos. Cuando me hace la limpieza parece que está escavando las cuevas del la prehistoria.
¿He dicho ya que odio ir al dentista?. Para hacer todo eso, por tener una cardiopatía, una hora antes me tengo que empastillar de amoxicilina, y seis horas después otra ración. Porque esa es otra, cada pequeña operación de sangrado que se tenga, profilaxis para evitar una casi improbable endocardistis, improbable, que no imposible, así que anda a tomarte un carro de pastillas, aparte de las que ya te tomas.
¡Que sí! ¡Que odio ir a la dentista!, que para colmo de males, después de empastillarte para la profilaxis, y de meterte de todo en tu boquita, va y te hace pasar la tarjeta de crédito por la maquinita, que al final hasta puede dar un poco menos de susto que si pagas en efectivo, y te pones a contar billetes.
Lo siento por mi dentista, pero odio ir a visitarla por motivos profesionales.

domingo, 5 de xuño de 2011

vacaciones (capítulo tres)

La tercera parte de mi viaje ha sido, como ya sabéis, a Huelva. Uno de mis objetivos en esa visita era ir a la playa. Objetivo conseguido. Los dos días que estuve allí me fui a la playa, donde como todos los veranos el primer día me puse como un camarón (según mi hermana), un langostino (según mi pareja), como un salmonete (según mis amigas de Huelva). Está claro, que este tipo de comparaciones debe ir por barrios o pueblos.
Me llevaron a una playa de un pueblo que se llama Punta Umbría. Nos situamos en el medio de la playa, kilómetro arriba, kilómetro abajo, porque sí, esa playa se mide por kilómetros. De cierto, cuando miraba a mi izquierda estaba lejos, muy lejos el extremo, casi ni se distinguía, el mismo efecto que cuando giraba mi cabeza hacia la derecha. Si a esto le añadimos aún apenas había gente, aquello parecía un paraíso.
Un paraíso con una temperatura en el agua increíble. Si eres de Galicia como yo y logras bañarte en nuestras aguas, que la mayoría de las veces está congelada y el resto fría, excepto ese día que confirma la regla. Pues como iba diciendo, si estás acostumbrada al baño en aguas gallegas, aquellas aguas frescas es de lo mejor que se puede disfrutar en los días de calor, fresquita pero no pincha. Me pasé un montón de tiempo jugando en el agua como una niña pequeña, bueno sí, como la nena pequeña que soy a veces. Uffff, cuanta agua me he tragado con tanta ola, creo que me sobrepasé en la carga de sal de tres meses.
Quién lea esto, se pensará que solo he ido a Huelva por la playa. No, también ha ido para disfrutar de las cenar en las terracitas sus gambitas, placeres que en Galicia por el clima son más difíciles de disfrutar. Estar en una terraza, con tus amigas, con un solo vestidito, sin frío y unas gambitas sin sal, no tiene precio.
Ya veis, me he pasado unas vacaciones típicas: fiesta, playa, dormir y comer y siempre en buena compañía. ¿Qué más puedo pedir?

luns, 30 de maio de 2011

vacaciones (capítulo dos)

Llegué a la estación de Córdoba y me dispuse a esperar a mi amiga que tardaría un rato. Apareció y al vernos nos fundimos en un abrazo. ¡Tanto tiempo sin vernos! Nos pasamos por casa a dejar el equipaje y a ponernos guapas para ir a cenar y a la feria. Porque a Córdoba, además de visitar a mi amiga me fuí a la feria. Las ferias del sur son una fiesta, a mi me encantan. Se entran por una puerta, que por la noche está iluminada con ciento de luces (foto). La puerta de la feria de Córdoba hace una representación del monumento más importante de la ciudad, su mezquita. En este viaje no la he visitado, pero si lo hice en un par de viajes en años anteriores. Es preciosa y muy recomendable.
Las ferias se componen de las casetas. Infraestructuras prefabricadas de cartonpiedra y lona, algunas incluso con ladrillo y cemento pero son las menos. Hay varios tipos. Unas son más diurnas, tipo restaurante, para comer, con mesas y sillas, y de fondo casi siempre musica de sevillanas. Las más nocturnas, tipo pubs, con sus barras y toda la pista para bailar, donde de vez en cuando pinchan sevillanas. Las casetas son montadas por restaurantes, peñas, hermandades, asociaciones de vecinos, sindicatos, etc.
La primera noche me fui ya solo por la noche, con mi amiga y cinco chicas más, me pasé la noche andando la feria de arriba-abajo y viceversa, que forma de andar, creo que me cansé más de andar que de bailar, que fué la otra cosa que hice esa noche.
El segundo día en la feria también ha sido nocturna. Pero esta vez fuí vestida un poco más acorde, con un vestido floreado, pues no tengo uno de gitana, que son preciosos (y caros), pero si me puse una flor en le pelo (muy baratitas en los chinos) de color azul acorde con el vestido y con un guiño a mi chico, aunque no se diese cuenta. Ese día me canse de caminar con los tacones, ufff, si es que a veces soy tonta tonta.
El tercer día fuí de día, y viví la feria más familiar. Comimos en una caseta comida típica, entre ella algo que me gusta un montón y no hay por aquí; el salmorejo (foto, aunque este no es el de la feria). Luego nos fuimos a las atracciones, barracas o el nombre que tengan en cada pueblo. No he montado en ninguna, pues no me gustan mucho la verdad, pero pasé una calor asfixiante, ¡horrible!. En cuanto llegué a casa una ducha templadita, ufffff, que gusto. 
El resto del tiempo en Córdoba me lo pasé haciendo lo propio de vacaciones, descansando, y también lo propio del sur, disfrutar del desayuno y cena en terracitas, un placer que en mi ciudad por la climatología no es tan placentero.
Los tres días en Córdoba, de comida y baile, fueron mi segunda etapa en este viaje, ya despés tocó Huelva, donde llegué después de coger un tercer tren, próximo capítulo.

venres, 20 de maio de 2011

vacaciones (capítulo uno)

Seguro que algunos ya habíais pensado que me había olvidado de vosotr@s. El trabajo que tengo no es duro, pero llego a casa mentalmente agotada. Pero lo bueno de tener trabajo, no es solo el sueldo y la satisfacción que da para tu autorrealización, por lo menos en mi persona, sino porque normalmente tienes derecho a unas vacaciones. Pues ahora me encuentro en esos días. Hoy es mi tercer día de vacaciones. El primero me lo dediqué a mi imagen. Por si no lo sabéis, mi pelirrojo es artificial, así que de vez en cuando hay que darle una tintura a las raíces morena y cada vez más raíces blancas. Me fui a ponerme guapa. La tarde me la pase de compras y tomando algo con unas amigas que hacía siglos que no veía, y a hacer la maleta. Ayer, realmente empecé mis vacaciones con un viaje.
Me encanta viajar, y por un motivo y otro (siempre económico) hacía tiempo que no lo hacía, así que esta es la oportunidad. Decidí ir al sur. Calorcito de mayo, que aún no es muy intenso. Mi primera parada será en Córdoba, que está de feria, a visitar a una amiga a la se la debía hace siglos. Pero ahora estoy haciendo parada en Alcobendas en casa de mi hermana. 
Me vine ayer en tren hasta Madrid. En el Talgo diurno, que ahora lo llevo mejor que el nocturno. Es más ameno, se pasa más rápido, entre las pelis, el libro, la nintendo, el mp3 y los paisajes que pasan por la ventana, y vas viendo como cambian a lo largo del viaje por media España. 
Es lo que tiene mi país que del norte al sur cambian muchas cosas, muchísimas cosas, casi todo cambia. Primeramente, como ya dije, los paisajes. Sales de una Galicia con sus montañas y montes verdes, pinos (y eucaliptos),con pequeñas aldeas y casas solitarias espercidas por los sitios más inpensables, las vacas paciendo, los huertos pequeños de automantenimiento,... y poco a poco, las montañas se empequeñecen y todo va cambiando de color, el verde ya es otro verde, los árboles cambian y van desapareciendo, hasta que por sitios ves un árbol solitario en una gran explanada, las aldeas son más concentradas, y apenas encuentras casas solitarias, no ves apenas animales excepto que por casualidad veas algún rebaño de ovejas (lo que ayer no sucedió) y ya no hay huertos, si no grandes explanadas en las que se suele plantar algún cereal y con sus aparejos de regadío, y así vas llegando a la gran ciudad, que se anuncia con pequeños pueblos dormitorio.
Hoy me he despertado en casa de mi hermana a las diez, si si, a las diez, horario ya de vacaciones. Bueno, es verdad que me han despertado a las siete para que pudiera ver a mi ahijado, que en cuanto me vió me reconoció y saltó de alegría, yo no salté pero me alegré tanto más que él de verlo. Después de que ya se fueran a trabajar unos y a la guardería el otro me volvía a dormir, ¡hasta las diez!. ¿Que se hace en vacaciones? Pues me vestí, con un vestidito que hacía una temperatura agradable, lo que hace darte cuenta de que tus piernecitas aún están blancas como la leche. Me bajé a desayunar al bar habitual cuando estoy aquí, un cafecito pequeño, aquí le llaman mediana. Veis, esa es otra de las diferencia de España, en cada lugar el café con leche se sirve y se llama de otra manera, ¡menos mal que las tostadas se llaman tostadas en todo el país! Pues, a lo que iba, desayuno y paseíto mañanero. Ahora me dispongo a comer algo y ya me bajaré a Atocha a coger el AVE (Alta Velocidad de España; que no recorre toda España) para irme ya a la feria de Córdoba, que lo contaré en el capítulo dos.

domingo, 1 de maio de 2011

las madres luchadoras

Hoy es 1 de mayo, día del trabajo. Pero al caer en el primer domingo de mayo es también el día de la madre. Como comprenderéis no podría acostarme hoy sin dedicar una entradita a las madres luchadoras. A las que día a día sacan fuerza de coraje y valor para seguir en lucha, viendo como sus hijos crecen y se fortalecen, y quedando sorprendidas muchas veces de los fuertes que pueden llegar a ser sus hij@s, y sorprendiéndose ellas mismas de lo fuertes que pueden llegar a ser ante las adversidades. 
Madres que dan todas las horas del día, incluso dan la horas de sueño. Que corren de un lado para otro, que se pelean con todo el mundo, que buscan ayuda hasta debajo de las piedras, que esperan pacientemente y se desesperan esperando, .... y a veces solas y lejos de su casa y de su familia. Como mi madre, como la madre que conocí ayer. 
Sé que cualquier gesto de sus hij@s, una sonrisa, un avance, será suficientemente recompensa para ellas de todo el sacrificio que pueden llegar ha realizar. Pero yo pienso, y este es un pensamiento muy personal, que nunca llegaremos a agradecer lo suficiente tanta lucha y sacrificio, aun sabiendo que ellas lo hacen con tanto amor que no esperan que se lo agradezcamos de manera alguna.
Inmensas gracias a todas las madres en el día de hoy. 
GRAZAS NAI.

una visita especial

Hace una hora que he llegado a casa, y después de ponerme el pijamita y comerme un gran tazón de arroz con leche de mamá me dispongo a escribir mi día de hoy. Aunque quizás es mejor poneros en antecedentes. Tengo una amiga en Madrid que iba conociendo mi historia y a la par sabía la de otra persona, y se dío cuenta que parecían historias paralelas. Un día decidió hablarle de mi blog, y como una cosa lleva a la otra, acabamos hablando, bueno vale, escribiendo.
Cuando supe de esta persona, estaba esperando un corazón, hoy es una persona con un nuevo corazón, y la fui a visitar y conocer, y ha sido muy bonito.
Después de recogerme mis amigas en la estación de tren de A Coruña, buscamos el hospital y cuando por fin llegamos a el, yo seguía tranquila. Entramos, buscamos la habitación y como la acaban de fregar nos informaron de que tenímos que esperar a que secase, a la par de que teníamos que poner una mascarilla y unos guantes. Yo seguía pasmosamente tranquila. Llegó el momento en que podíamos entrar, y supimos que solo dos personas. Era lógico que entrasen primero ellas, son sus amigas y venía de conducir muchos kilómetros y horas. Me tocaba esparar un rato, y seguía tranquila. Pasaron los minutos, vi llegar a dos personas que se acercaban a la habitación, supuse acertadamente que eran familiares, les informé que ya había gente dentro. Salió una de mis amigas, los saludó y me acerqué, creo que en ese momento descubrieron que veníamos tres. 
Ya me disponía a entrar yo, como si llegase mi turno. El protocolo exigía nueva mascarilla y guantes, en el momento que me disponía a entrar salió mi otra amiga, así que cuando pasara estaría sola. En ese momento, mientras ajustaba el segundo guante a mi mano izquierda y abría la puerta, la emoción acudió a mí. Las manos se volvieron más frágiles, casi se había decidido a temblar y un pequeño nudo comenzó a subir hacia mi garganta, pero un efusivo "Hola Moka", me hizo ver al otro lado de la habitación una persona con una gran sonrisa y unos ojos claros que sonreían mucho más. Comenzamos ha charlar, de una forma como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. Sabíamos que parte de nuestras vidas había sido similares sin saber realmente la nuestras historias. Como si hubiese una conexión mutua, como sabiendo que podemos hablar otra forma que igual que no hablamos con los demás. Intuí (o creo que lo hice) que tenemos un sentido del humor similar. Hablamos de historietas de la infancia, de hospitales, compartimos más de un par de anécdotas.
Me pasé parte del día en el hospital, conocía a familiares entre ellos a la madre. También charlamos, contamos historias, anécdotas y te das cuenta de la otra parte historia. Otras impresiones, otros sentimientos, otras emociones.
Ha sido un día especial, un día que no olvidaré. Conocí a una persona con una gran sonrisa, una mirada clara y un corazón nuevo.

luns, 25 de abril de 2011

el balance de un año

Hace unos días celebramos el primer añito de mi ahijado. Me parece que fue aún ayer cuando mi madre me avisaba que mi hermana estaba ya de parto y que partíamos para Madrid. Cuando llegamos el niño ya había nacido y era tan pequeñito, ahora ya anda. Pero no son los avances del niño lo que os voy a contar, sino mi año.
Haciendo balance, ha sido uno de los mejores años de mi vida, sobre todo de la última mitad. En este tiempo he cumplido un año de noviazgo. Muchos direis, ¡eso no es nada!. Analizando mis parejas pasadas, ninguna que fuese oficial a sobrepasado ese tiempo, es decir, es mi primer aniversario.
Otra novedad es que ahora soy una persona laboralmente activa. Ya no soy una parada de larga duración y sin experiencia. Tengo un trabajo que me gusta mucho, y además me encanta lo que hago y con quién trabajo. ¡Qué más se puede pedir!. Bueno si, lo confieso, un mejor salario, pero para ser el primer trabajo y no pedirme experiencia bien me vale. Me vale porque no tengo una hipoteca ni familia que mantener, que si no...
Pero tengo que confesar, que casi lo que me dá muchas satisfacciones ultimamente es este blog. Lo comencé con mucha ilusión. El objetivo era contar a todas aquellas madres preocupadas por el futuro de sus hijos, que hay gente que llevamos una vida normal después de que nos reparen. Para dar la visión positiva y de esperanza, para demostrar que la lucha no es en vano. Pero la cosa fue sin casi darme cuenta a más, y sé que me lee gente que nada tiene que ver con las cardiopatías. Me emociona saber que me lee mucha gente, que soy seguida, algunos de ellos desde países que me sorprenden, personas que no conozco, personas que conoceré, personas que nunca llegaré a conocer. Es verdad que ya no escribo tanto, pero me dais mucha fuerza saber que esto sirve para algo bueno. Espero cumplir un año de blog, y otro más, y otro...

martes, 19 de abril de 2011

los viajes a madrid (primera parte)

En las páginas que visito de cardiopatías congénitas, algunas personas han comentado lo poco que le gusta ir a las revisiones por miedo. Otras también han comentado que se tiene que desplazar grandes distancias. Esto último lo compartía. Cuando aún me llevaban en Madrid, tenía que recorrer más de 600km para ir a las revisiones. Pero lejos de ser para mí un suplicio, era toda una alegría. ¡Me iba de viaje! Cada año esperaba esos dos días de viaje a Madrid con unas ganas tremendas. En cualquier época, la niñez, la adolescencia, cuando ya he ido de chica, me encantaba ir.
Cuando era niña, de lo que más me gustaba era ir en el tren. Íbamos (siempre me acompañaba mi madre) en el Tren-Hotel Rías Altas. Viajábamos en litera, que en aquella época eran seis. Siempre las de abajo, no vaya a ser que la niñita se cayera. Me encantaba ir en el pasillo, así veía todas las personas que iban en el tren y si podía usaba la excusa de mi edad para hablar con el primero que me sonreía, cosa que a mi madre nunca le gustó y en cuanto podía me sacaba del pasillo y me metía en la litera a dormir. Dormía toda la noche, hasta que una hora antes de la llegada nos tocaban la puerta para ir preparándose, y me lanzaba de nuevo al pasillo donde ya estaban las primeras personas echándose el primer pitillito mañanero, porque de aquella se podía fumar en ciertas zonas de los convois.
La primera mañana era una odisea. Llegábamos a la Estación de Príncipe Pío o también llamada Estación del Norte. Actualmente, esa estación es un centro comercial. Llegábamos, y después teníamos que cruzar medio Madrid en metro o en cercanías para llegar al hospital y, a todo esto, aun cargadas con la maletita, bueno vale, la cargaba mi madre. Llegabamos y nos dirigíamos a todo correr a donde las enfermeras a ver si teníamos la suerte de que aún no se fuesen a desayunar. Casi nunca tuvimos esa suerte. Teníamos que esperar a que volvieran de desayunar y nos dijeran que teníamos que llegar a las nueve que era la hora que teníamos la cita para coger los volantes. A ver quién se lo dice al maquinista del tren. Al final, nos daban los volantes; análisis, Rx-toráx, ECG y ECO. Primero análisis, que la niña aún estaba en ayunas. Llegábamos, se había acabado la hora de extracción, pero ya se sabía la canción de que los de fuera siempre llegan tarde y había una enfermera te pinchaba. Os voy a confesar algo, era el único momento que lo pasaba mal, y las montaba, porque yo era muy buena, pero cuando había una aguja por medio, me convertía en la terrible Hulka. Eso sí, al final me pinchaban.
Llegaba el momento de desayunar. Nos íbamos al sírvete tú mismo (léase self-service) del hospital, y mi madre me dejaba cogerme un pastel con el cola-cao. Come rápido niña que aún nos queda el resto.
Venga corriendo, hazte la placa. Ponte de frente, las manos en la cadera, pégate bien a la placa, "¡qué fría está, leñe!; - Cuando yo te diga aguanta la respiración niña - te decían, y seguían - respira, no respires, ya puedes respirar. 
- Ponte de lado,brazos arriba. ¡Uy, si ya te lo sabes!. Pégate bien, respira, no respires, ya puedes respirar. 
Tú mamá te vestía corriendo, corre, corre, al electro. Puro trámite, porque te lo hacían nada más llegar. Eso sí, vuelta desvestirte.
- Ahora quieta, no te muevas nada.- Caca, moví el ojo.
Vístete, corre, al ECO. Aquí a esperar hasta que te toque. Te toca, desvistete. Se hacía en una sala semioscura y además era mucho tiempo, casi estaban media hora andándote con esa cosa por tu cuerpecito para ver manchas incomprensibles en una tele. A mi me venía muy bien, porque siempre me dormía una siestecita. - Venga Mónica ya hemos terminado, vamos a llamar a tu mamá, te vistes y te vas ya.
Así era la mañana. Si quedaba tiempo, íbamos a llevar la maleta a la pensión dónde solíamos pasar la noche, sino comíamos antes, en le sírvete tú mismo, y cogía lo que me daba la gana, porque mi madre esos días me consentía de todo. Si, si, incluso un pastel de postre.
Las tardes de esos viajes eran de paseo. Visitábamos algo de Madrid, o íbamos a un centro comercial cerca, La Vaguada, que ya forma parte de mi vida. Hace mucho que no voy, pero tengo que reconocer que cuando voy aún me recorre algo por el cuerpo, y eso que ha cambiado con los años.

sábado, 9 de abril de 2011

hablemos de sexo

Un tema que aún es difícil de hablar, a pesar que ya no es tabú es el sexo y la sexualidad. Pero si lo llevamos al tema de las cardiopatías ya muchos piensan en presuposiciones erróneas. ¿Tenemos más peligro de mantener relaciones sexuales como los "demás"? Supongo que si tenemos riesgos, seríamos advertidos por los médicos, pero si nos dicen, puedes llevar una vida normal, se supone que en esa vida normal está incluido el poder mantener relaciones sexuales. Pero siempre queda la duda, porque claro, corazón "débil", más probabilidad de que falle en un momento íntimo, y si vimos pelis (existe una comedia) donde a un señor le da un infarto en plena relación, pues te da que pensar.
Personalmente, nunca me he planteado tal tesitura. Cuando me llegó la edad y decidí mantener mi primera relación, no me plantee si podía pasarme algo. Tú y tu cuerpo ya te dice que no va pasar nada, así que mantuve mi primera relación y las siguientes hasta el día de hoy, de forma natural y sin miedo nunca. Sé que el día que no sea así mi cuerpo ya me dirá que no lo haga.
Pero una relación sexual suele ser una cuestión de dos, y en eso si encontré, muy poquitas veces tengo que decirlo también, prejuicios por presuposiciones de nuestra supuesta debilidad, y no valla a ser que me acueste con la chica y empiece a darle algo malo.
Para los que tenéis niñ@s, tenéis que saber que crecen, y si ya es difícil hablarle de sexualidad y sexo, os entra la duda de como tratar el tema si es cardiópata. Ya no solo está el tema delicado en si, sino pensar que tu hij@ va a poder mantener relaciones con toda normalidad y que no pase nada. Una recomendación os doy, hacerlo de forma normal y natural como lo hariais con cualquier otr@. Hablarle de lo que es, con las recomendaciones que creais oportunas, y siempre desde la salud sexual, no desde la preocupación de la cardiopatía.

mércores, 30 de marzo de 2011

día de visitas

Hoy tocó día de visitas. Primero cardióloga, después farmacia y finalmente marcapasos. Todo bien. La pila del marcapasos sigue con energía. Es la tercera. Las anteriores duraron cada una siete años, así que cambié las baterías en el 97 y el 04. Esta tiene pinta de durar más. Ya que este año tocaría cambio, pero se ve que aun le cuerda para rato, claro que si sigo dándole caña, a saber. Próxima revisión en seis meses.
En la farmacia me han surtido para dos meses.
Pero lo mejor del día ha sido la visita a la doctora. Llegué allí, me metieron directamente en la sala del eco y cuando entró: 
- Tengo muchas cosas que contarte - le anuncié toda contenta.
- Serán buenas - secundó.
- Buenísimas. La primera es que trabajo.
Le expliqué lo del trabajo, donde trabajaba, que hacía, algo de la empresa, ect. Pero después le conté lo del blog y la entrevista. Cuando pasamos al despacho se paseó por internet y leyó algo del blog y algo de la entrevista que finalmente imprimió. Creo que le gustó la iniciativa y lo que estaba haciendo.
Hoy en la consulta, también me explicó lo que me habían echo con la fontán. Me informó de cuatro cosas que no sabía como lo de la hipertensión pulmonar. Bien, y me he enterado que no puedo subir a montañas altas, ni al Teide, una de las visitas que un día quería realizar. Tampoco viajar en avión durante muchas horas, ya me dirán ustedes como voy a visitar ahora Buenos Aires, ciudad que desde hace diez años me ilusionaba ver y pasear. De lo demás, todo muy bien. Eso ya lo sabía yo, pero está bien que la doctora te lo confirme. 

Me gustaría también recordar a los que me siguen que hay un grupo del blog en el caralibro (léase facebook). Me gustaría conoceros, saber quienes sois, incluso las personas de Croacia y Japón, que me tienen muy intrigada. Además tengo ideas para que el blog sea mas participativo e interactivo. Venga, animaros y vereis, si no os gusta, siempre os podeis salir.
El grupo es: blog de moka: diario de una fontan.

martes, 22 de marzo de 2011

o guindastre

La aventura de hoy es para demostrar lo despistadita que soy. 
Hoy me he llevado el coche a trabajar para hacer unos recaditos que me hacía falta para el mismo. En el primer recado que hago, veo un sitio de estacionamiento y aparco el coche. Desayuno y cuando me dispongo a entrar en el juzgado veo que Cachuli (nombre del coche de mi papá) sigue allí tranquilamente. Realizo el trámite, nada, diez minutitos escasos. Cuando miro hacia donde debería estar aparcado Cachuli, hay otro coche, y además veo que una grúa se está llevando el coche que estaba aparcado al lado, y otra más a la espera para trabajar. Giro la vista hacia la izquierda y veo el guindastre (grúa en gallego, es que me hace mucha gracia el término) que se lo lleva, atadito, como si fuese un perrito malo. 
- PÁRELOOOOO - le dije a uno que estaba debajo.
- No se puede, ya tienes que ir a por el depósito.
Aunque os parezca mentira, me dió la risa, esa risa entre tonta y nerviosa. Le pregunté, por el número de tefefono del depósito municipal.
Llamé: -Buenos días, me llevaron el coche, ¿cuánto me cuesta sacarlo?
- ¿Qué marca es?
Se la digo.
- Aquí no trajeron ningún coche de esa marca.
- Va de camino.
Me dice el precio. Me costó exactamente, 53.11€, multa aparte que llegará a casa de mis padres un día de estos.
Para allá tiro, a la parada de bus de la línea corrspondiente, unos diez quince minutos a pie. ¡Bien! Me pasa un bus nada más poner el pié en la parada. Me bajo en la parada correspondiente, y tengo que caminar otros cinco minutos. Hoy llevaba zapato plano, sin problemas.
Llego, y desde la recepción veo a Cachuli, allí, solíto, como preparado para salir, sabiendo que iba a su rescate. Pago, me monto, acaricio el volante, enciendo la radio, y le digo: - Tranquilo, ya nos vamos de aquí.

P.D.: había aparcado en el sitio reservado para la fiscalía.

luns, 21 de marzo de 2011

una tarde de senderismo

Ayer hizo una tarde expléndida de primarvera. Así que que mejor plan que ir de picnic (léase comer en el campo, haya o no merendero) y luego hacer un poco de senderismo.
Era una buena idea a las ocho de la mañana cuando nos despertamos y nos levantamos. Si, leeis bien, ¡un domingo, a las ocho de la mañana y ya me despierto!, mi ciclo sueño-vigilia ya es de mujer trabajadora. Nos fuimos al Parque Natural del Río Barosa. Llegamos después de pasar la mañana paseando por un mercadillo y haciendo unas compritas para renovar el armario de primavera-verano.
Cuando llegas ya ves las pequeñas cascadas que hace el río y que cuya fuerza hidráulica era aprovechada antiguamente por los molinos que se ven en su margen derecha.
Yo ya tenía hambre, así que nos disponemos a buscar un sitio, pero todas las mesas ya estaban ocupadas, así que tiramos las toallas a la sombra de unos arbolitos a la orilla del rio. Instalados, nos hicimos los bocatas y luego de comer me tumbé. Después del paseo mañanero y los bocadillos mi cuerpo pedía siestita, pero mi novio paseito, y mi cuerpo siesta y mi novio..., ganó mi novio.
Comenzamos la ruta cuesta arriba, por escaleras y lo que hacía de amago las escaleras. Mi cuerpo no me respondía al medio minuto quería dimitir, pero la mirada de mi novio me decía que ni se me ocurriese. Seguí subiendo y llegamos a un descansito donde había un banco donde bien me sentaba yo. Estaba ocupado por una chica que nos dijo como estaba señalado el sendero para ir siguiéndolo, además de decirnos que era de cuatro kilómetros; ¡cuatro kilómetros de subida!, me planto, ¡yo me planto!. Mi novio comentaba que no podía ser subida todo, que seguro que luego era llano. Lo miré con cara de; ¡más te vale! Así que seguí un rato a ver si era verdad. Y era verdad. Un poquito más arriba el sendero era llano, mejor o peor transitable, con algún obstáculo, como el de pasar por debajo de un tronco caído, o de cruzar un pequeñito reguero. Lo que siguió de la tarde de senderismo fué hermoso. Si caminabas en silencio, aparte del sonido del correr del río, podías oír como pequeños animales se movía por la maleza o los árboles, así como, el cantar de los grillos.
Llegamos al final de la mitad y dimos la vuelta. En esa parte de la ruta, encontramos una piedra que se metía en el remanso de un río. Mi chico tuvo la idea de sentarnos allí a descansar, yo la idea de descalzarnos y mojarnos los pies en el agua del río. Dos ideas grandes. En un momento dado, allí sentados, nos quedamos callados, y de pronto nos dimos cuenta del sonido del río, era tan, tan, tan... relajante. Daban ganas de quedarte alli horas escuchando ese ruidito tan arritmico y acompasado a la vez y con los pies fresquitos, pero ya sabemos que todo lo bueno se acaba, así que cuando consideramos que era oportuno volver, nos calzamos y retomamos la ruta. Esto os digo; mis pies iban como nuevos.
Después de hora y media caminando, y ya cuando nos quedaban cuatro escalones para llegar al punto de inicio, voy, y me caigo. No pregunteis cómo, yo supe que me había caído, cuando estaba en el suelo. Así de rápido pasó, que no se si resbalé o me falló la rodilla, o qué sé yo, solo se que de pronto estaba con el culo y toda la espada en el suelo. Sintomas: dolor difuso en la zona posterior-lateral-izquierdo. Sin diagnóstico que cause baja laboral.







sábado, 19 de marzo de 2011

mi padre

Hoy es el día del padre, así que no encuentro mejor ocasión que hablar de mi padre.
Mi padre es uno de los numerosos hijos de mi abuela. Debió de decidir montar un equipo de fútbol, porque se pasó media vida embarazada. Sobrevivieron a los dos años once de sus hijos, pero yo solo llegué a conocer siete tías y tíos. Hoy en día solo quedan seis de esos niños. Podéis imaginaros, tantos niños en una casa pequeña y pobre. Así era, por eso mi padre comenzó a trabajar con sólo trece añitos. A los dieciseis se embarcó en un pesquero que naufragó cerca de Francia. Esa fue la única vez que mi padre trabajó en la mar. Luego, como la mayoría de sus hermanos decidió emigrar y acabó en el año 1968 en Francia. Se casó con mi madre en 1971 y se la llevó a Francia, allí comenzaron a formar una familia.
Se podría decir que mi padre era el padre típico, el que trae el dinero a casa, delegando la educación de su hijo e hijas a su madre. Yo no creo más bien que la portavoz de las decisiones era mi madre, por eso daba la sensación de que no tomaba parte de nuestra crianza. Pero debido a eso, a veces ocurrían situaciones a menudo curiosas.
Podía pasar que quisiera ir a dormir a casa de una amiga, que dicho sea de paso, realmente era para salir de fiesta hasta altas horas, le solía preguntar a mi madre como era de costumbre.
- Máma, ¿puedo ir a casa de mi amiga?.
- Pregúntale a tu padre.
- Papi, ¿puedo ir a casa de mi amiga?
- Pregúntale a tu madre.
- Ella me dijo que te preguntase a ti.
En momentos así, mi padre ponía cara de circunstancias, de no entender la situación. Ante tal anarquía, Mokiña no se iba a casa de su amiga, sino que salía hasta las tantas de fiesta.
Una de las miniconversaciones que recuerdo de mi padre, fue una vez que yo salía con un chico mucho mayor que yo. Estaba claro que mi familia no estaba muy de acuerdo. Mi madre me lo recordaba a menudo, y miraba con mala cara cada vez que me llamaba a casa o salía con él. Un día bajé al sótano donde estaba trabajando mi padre. De pronto me dice:
- Mónica, a ti te gusta es chico.
- Si.
- Pero es muy mayor.
- Ya.
- Es que el tiene más experiencia, y puede hacerte mucho daño.
Me sorprendió. Normalmente era el que dirán. No, mi padre era la preocupación de que a su hija la hicieran sufrir. Creo que esa cualidad de la lógica y la práctica de mi padre, es de las que yo he heredado, o de las que he aprendido de él.
Mi padre, al que le encanta el campo y cuando puede se escapa a la aldea a meterse en su sótano. Mi padre, el que nos amenizaba las cenas con malos chistes en un mano a mano con mi hermano. Mi padre, el que nos llevaba a veces a la playa y se hinchaba a comer berberechos en un mano a mano con mi hermana. Mi padre, era ese que solo podía venir a Madrid cuando me intervenían y luego se tenía que volver a Galicia hasta que me daban el alta. Mi padre.
¡FELIZ DIA DEL PADRE!

martes, 15 de marzo de 2011

el bichocán

Leyendo el blog, parece que sólo tuve aventurillas de niña. Pues no es así, es más hoy os contaré una que ya tuve de "mayor".
El verano pasado me fui de camping con mi novio. Un camping con una playita al lado, tranquilito, porque mayormente era familiar. Enclavado en un marco natural con flora y fauna a observar, o eso dijeron por la megafonía a mediatarde.
Allí llegamos por la mañana. Montamos nuestro chalet de lona, ¡que trabajito nos ha costado!. Pasamos la tarde y a la noche nos disponemos a dormir en la habitación. Como hacía algo de calor, decidimos dormir con la cremallera sin echar, es decir, con la puerta de la habitación abierta. 
Todo comenzó a la una y media de la madrugada. De pronto noto que el colchón se mueve y me despierto y veo un animal a mis pies. Al incorporarme con el susto el animalillo también se asustó y paso a lo que seria el salón del chalet de lona, mientras yo despierto a mi novio: -Cariño, cariño, hay un "bichocán" (léase bichoperro) en la tienda. Él se incorpora y con los ojos aún pequeñitos centra su vista en el animal y dice tranquilo: - ¡Si es un zorro!  - Vete, vete - le dice al zorro agitando la mano. El zorro todo obediente se va de nuestra casita. Yo cierro la cremallera.
Las tres y media de la mañana. Me vuelvo a despertar porque oigo a gente hablar fuera de la tienda. Agudizando el oído, oigo (valga la redundancia) que están hablando del zorro y que a uno de los niños de la tienda de enfrente le hizo daño cuando ambos se asustaron. -Cariño, cariño- vuelvo a despertar a mi novio - a los de enfrente les atacó el zorro. Nos levantamos y nos unimos al grupo que estaba ya buscando si el zorro seguía en el camping. El grupo lo formaban los padres, un chico de otra tienda a la que el zorro también había entrado y el gerente del camping con un perro. Charlando, dedujimos que el zorro estaba acostumbrado a los seres humanos, que no les tenía miedo; que ya en alguna ocasión alguien le habría dado comida y ahora entró a buscar. En algunas tiendas había bolsas revueltas. Allí estaba la cuestión: el zorro quería comer. Nos volvimos a dormir, en mi caso más bien a intentarlo.
Cuando ya por fin comenzaba a dormir, a eso de las cinco y media, mi cerebro volvió al sentido de alerta: ruidos en la tienda. Oía como el zorro removía por las maletas. - Cariño, cariño, el zorro está en la tienda. Mi novio despertó y también oía al zorro revolver. - Fuera, fuera-. El zorro que oía pero no nos veía comenzó a correr por la tienda, dando vueltas por la lona que hacía de habitación, y mi novio, dando con la mano y el pié para que se fuera, hasta que cuando estiró un pié, el zorro que se sintió atacado por la lona le clavó el diente, y además de hacerle un agujero a la lona, casi le hace a un dedo del pié de mi novio. Lo oíamos correr, subirse al sofá, hasta que se fue. 
Volvimos a salir de la tienda. Fuera seguían los padres y el gerente que iba detrás del perro que perseguía al zorro. Nada. Desapareció. Pero mi nerviosismo estaba ya en su punto más álgido. ¿Cómo dormir?. Seguro que no sería capaz. Así que decidimos vestirnos y coger una toallita para dar un paseo romántico por la playa. 
Lo que tiene que pasar, para un paseo romántico de madrugada a la luz de la luna y con el murmullo de las olas como música de fondo.
¡Ah! Volveré.

sábado, 12 de marzo de 2011

japon

Hoy no voy a escribir nada de mi. Pero sé que alguien me sigue desde Japón. Así que hoy este pequeño detalle de mi parte, para ese o esa que me sigue desde allí. Os deseo todo el ánimo para que podáis, y podréis salir y seguir adelante.

domingo, 6 de marzo de 2011

carnavales

Ya estoy en casa, en el sofá, descansando del fin de semana. Ayer, salí con mis amigas en A Coruña para celebrar el carnaval. Cenamos y luego salimos de fiesta, y por la calle se veía a casi todo el mundo disfrazado. De pronto, ves que mucha gente se disfraza de sus dibujo animado o ídolo favorito de la infancia, y no solo los niños. Digamos que los chicos y chicas de nuestra edad también se retrotraen a la infancia, y de pronto ves a alguien disfrazado de Arale, un grupo de desollinadores y a Mary Poppins, o los lagartos de V. Nosotras no fuimos menos, y directamente nos disfrazamos de niñas pequeñas. Imaginaros, cinco niñitas con mandilones de colores chillones y dos coletas con los lacitos a juego, coloretes, pequitas y una piruleta tan grande que nos podíamos esconder la cara detrás de ellas.
Pero, ¿qué hacían estas niñas en la infancia en carnaval? Pues yo, seguía la tradiciones de mi aldea. Te disfrazabas de "choqueiro" (dudo que haya palabra en castellano para este concepto), es decir, una falda de tu abuela, una camisa de tu abuelo, el mandil de tu tía. La cuestión era ir los más irreconocible posible, así que careta que te asfixiaba, y un palo para alejar a alguna persona indeseable que se acercaba alejarlo. Ni que decir tiene que no engañábamos a nadie, y todos nos conocían, aunque cada vez que nos intentaran hacer hablar movías la cabeza como una loca diciendo, ¡no, no, no! Pues así nos juntábamos algunos niños y niñas, con aquellas pintas de andrajosos y harapientos e íbamos casa por casa para pedir. Si, como si en navidad fueras a pedir el aguinaldo, pues la tradición en mi aldea era esa, ir a pedir, supuestamente filloas y orejas (ambos postres típicos de la época en Galicia) pero realmente te daban dinero, bueno dinero, alguna monedilla, si llegabas a los 20 duros, e decir, 100 pts (al cambio unos 60 cents de €) a dios gracias. Pero bueno, ya juntabas monedillas para los chuches del domingo. Pero creo que nunca nos llegaría para comprarnos una piruleta como la que llevábamos ayer.

sábado, 26 de febreiro de 2011

el miedo

Según la wikipedia, el miedo se define como: "una emoción caracterizada por un intenso sentimiento habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano."
Heredamos esa emoción básica del instinto animal que como tales aún conservamos del miedo al depredador, una emoción, que hay que decir era el aviso para la activación de los mecanismos de defensa de evitación o huida. Mirar si es básica, que el miedo neurológicamente está situado en el sistema límbico, el cerebro más primitivo que conservamos los seres humanos a través de la evolución.
Pero, eso, los humanos evolucionamos, y nuestras emociones con nosotros, y ya no es solo tiene la función de alerta para la supervivencia y adaptación al miedo. Nosotros, los seres humanos, que todo lo racionalizamos, también mezclamos la emoción básica del miedo con la complejidad del pensamiento. Lo que nos llevó a que pasara de ser de emoción básica a una compleja emoción. Ya no sólo tenemos miedo a los depredadores sino a nosotros mismos.
Uno de los miedos que tenemos las personas, el más grande -seguramente- es la pérdida de un ser querido. Es adaptativo de cara a la supervivencia, mayormente no, es más, puede llegar a ser muy desadaptativo, dependiendo de las consecuencias a donde se puede llegar con ese miedo. Se puede llegar a racionalizarlo -o desracionalizarlo- de forma tan extrema que ese sentimiento puede llegar a destruirnos, y no solo a nosotros, sino a la gente que nos rodea más íntimamente.
Pero los seres humanos hemos evolucionado, no solo en el miedo, sino también en combatirlo. No solo tenemos los mecanismos de evitación y huida, que para nosotros incluso sería los dos peores mecanismos en ciertos momentos, sino en enfrontarnos a él. Disponemos de mecanismos más complejos para hacerle frente. Simplemente hay que conocerlos y lo más dificil usarlos.
Pero, ¿cómo?. Primeramente, debemos saber el "sentimiento desagradable" que la emoción de miedo nos provoca; soledad, angustia, rabia, ... Muchos de ellos, fáciles de disminuir o incluso hacerlos desaparecer, con acciones como compartirlo o realizar actividades para descargar todas las sustancias nocivas que provoca físicamente sintamos esa angustia y rabia.
Sé que las madres que leen este blog, sienten estas cosas ante la posible pérdida de sus hij@s, digo madres, porque aún no he tenido consultas o comentarios de los padres, pero seguro que muchos habrá. Ceñíndome a un caso concreto que me han comentado estos días, y cuya madre siguiendo mi consejo de "nunca lloreis delante de l@s niñ@s", se puede llegar a acumular mucha angustia y rabia (mayormente síntomas fisiológicos) que por falta de tiempo, ayuda, ganas o lo que sea, no se contraatacan, por lo que se van acumulando y acumulando, y el sentimiento desagradable aumenta progresivamente, lo que puede llegar a ser muy nefasto en ciertos momentos, y en ciertos momentos críticos donde ya se debería haberse desecho de los mismos para tener tranquilidad y esperanza.
Suelo recomendar a estas madres -pero pueden practicarlos padres y otras personas que vean que lo necesiten- salir a pasear solas si quieren llorar, acompañadas si quieren desahogarse y nunca jamás con el/la niñ@, salir a correr, saltar a la comba, irse a un descampado a gritar, pegarle a un saco de arena, romper una vajilla,.... o hacer una actividad que les guste en su tiempo libre. Porque esa es otra, todo su tiempo es para su hij@ y no debería ser así, debería tener algún tiempo de la semana para ell@s, con su pareja, amig@s, ir a tomar un café, al cine, al teatro,.... Porque madres -y padres- también teneis que aprender que vuestr@ hij@ puede estar tranquilamente unas horillas sin vosotr@s, teneis que aprender a compartir su cuidado y a que se puede delegar ese cuidado a otras personas de vuestro entorno.
Espero, que esto os ayude en algo, no solo a los madres y padres, sino al resto de la gente que puede tener miedo.

sábado, 19 de febreiro de 2011

el primer día de instituto

He contado cosas de mi infancia y cosas actuales, pero aún no he contado nada de mi adolescencia.
No ha sido una época de mi vida muy buena, no ha sido malísima tampoco, pero no tengo la sensación de que haya sido importante en mi vida, o si lo fue, pero como no tengo muy buenas sensaciones de ella; prefiero obviarla. Quizás por eso, consciente o subconscientemente, mi disco duro haya degradado al fondo de su memoria esos años. 
En esos años, solemos estudiar en el instituto. Cuando yo fuí, aún existía el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y el COU (Curso de Orientación Universitaria). Si los cursabas en edad normal, pasabas cuatro años que iban desde los 14 a los 18. Mi secundaria fue nefasta, es decir, peor que mala. No  me adapté al centro en el que me metieron, y al que yo no quería ir, ni me gustaba estudiar en absoluto. 
No contaré en esta entrada, y pueda que en ninguna otra, como fui arrastrando asignaturas de un curso para otro hasta que en un primer intento lo abandoné después de repetir el COU. Pero si contaré como nunca me adapté a un instituto que a pesar de que era público en cierta forma parecía privado. ¿En qué? os preguntareis, pues en los alumnos (la inmensa mayoría) que a el asistían. Casi todos eran lo que denominamos en España pijos. Que me perdonen amigas y personas que allí han ido a cursar sus estudios, pero era así. 
Llegué a un instituto donde la mayoría eran hijas e hijos de abogados, catedráticos, doctores, maestros, empresarios... que con sus posibilidades vestían mejor que yo (marcas) e miraban a gente como yo que vestía ropa del mercadillo y eramos más de pueblo. Con la edad sabes que no todos eran así, pero de aquella te sentías fuera de lugar. Pero no me quedó otra y fui allí a "estudiar".
El primer día de instituto descubrí otro mundo. Allí entré en aquel antiguo edificio de piedra que parecía más un convento que un centro de estudios de secundaria. Entré por la puerta donde había una lista donde te designaban el grupo de 1º de BUP y el aula a la que te deberías dirigir. Me dirigí al pasillo donde se encontraba mi aula y fuí descubriendo corrillos de muchachas cuchicheando con muchachas todas monas incluso maquilladas y con taconcitos (¡dios mío!) y muchachos hablando más alto con muchachos con sus pelos todos engominados (¡idem!), y lo peor de todo, todos se conocían de su colegio, y de mi colegio no iba nadie. Yo no conocía a nadie, no tenía amigas con las que cuchichear sobre nada, yo no tenía amigas ni nada sobre lo que cuchichear. Pero aún hubo algo que me alucinó más en ese pasillo, había una niebla difuminada a lo largo del mismo. La mayoría de las muchachas y más mayoría de los muchachos tenían entre sus dedos cigarrillos que entre cuchicheo y frase aspiraban para soltar el humo, ellas con una cadencia glamurosa de "este lapiz de labios realza su carnosidad" y ellos con un soplo más intenso de "nenas, aquí llegó el mas chulo de la ciudad". 
Aún así, tengo algo bueno que contar de ese día. Fue el día que volví a vivir plenamente después del duro postoperatorio de la Fontan. Había pasado un verano donde apenas salía de la cama y cada quince días ingresaba en el hospital con pleuritis. A partir de aquel día, madrugué y vivía el día a día para ir a "estudiar" al instituto y solo tuve una pleuritis más en el mes de enero (creo recordar).


 

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