luns, 21 de marzo de 2011

una tarde de senderismo

Ayer hizo una tarde expléndida de primarvera. Así que que mejor plan que ir de picnic (léase comer en el campo, haya o no merendero) y luego hacer un poco de senderismo.
Era una buena idea a las ocho de la mañana cuando nos despertamos y nos levantamos. Si, leeis bien, ¡un domingo, a las ocho de la mañana y ya me despierto!, mi ciclo sueño-vigilia ya es de mujer trabajadora. Nos fuimos al Parque Natural del Río Barosa. Llegamos después de pasar la mañana paseando por un mercadillo y haciendo unas compritas para renovar el armario de primavera-verano.
Cuando llegas ya ves las pequeñas cascadas que hace el río y que cuya fuerza hidráulica era aprovechada antiguamente por los molinos que se ven en su margen derecha.
Yo ya tenía hambre, así que nos disponemos a buscar un sitio, pero todas las mesas ya estaban ocupadas, así que tiramos las toallas a la sombra de unos arbolitos a la orilla del rio. Instalados, nos hicimos los bocatas y luego de comer me tumbé. Después del paseo mañanero y los bocadillos mi cuerpo pedía siestita, pero mi novio paseito, y mi cuerpo siesta y mi novio..., ganó mi novio.
Comenzamos la ruta cuesta arriba, por escaleras y lo que hacía de amago las escaleras. Mi cuerpo no me respondía al medio minuto quería dimitir, pero la mirada de mi novio me decía que ni se me ocurriese. Seguí subiendo y llegamos a un descansito donde había un banco donde bien me sentaba yo. Estaba ocupado por una chica que nos dijo como estaba señalado el sendero para ir siguiéndolo, además de decirnos que era de cuatro kilómetros; ¡cuatro kilómetros de subida!, me planto, ¡yo me planto!. Mi novio comentaba que no podía ser subida todo, que seguro que luego era llano. Lo miré con cara de; ¡más te vale! Así que seguí un rato a ver si era verdad. Y era verdad. Un poquito más arriba el sendero era llano, mejor o peor transitable, con algún obstáculo, como el de pasar por debajo de un tronco caído, o de cruzar un pequeñito reguero. Lo que siguió de la tarde de senderismo fué hermoso. Si caminabas en silencio, aparte del sonido del correr del río, podías oír como pequeños animales se movía por la maleza o los árboles, así como, el cantar de los grillos.
Llegamos al final de la mitad y dimos la vuelta. En esa parte de la ruta, encontramos una piedra que se metía en el remanso de un río. Mi chico tuvo la idea de sentarnos allí a descansar, yo la idea de descalzarnos y mojarnos los pies en el agua del río. Dos ideas grandes. En un momento dado, allí sentados, nos quedamos callados, y de pronto nos dimos cuenta del sonido del río, era tan, tan, tan... relajante. Daban ganas de quedarte alli horas escuchando ese ruidito tan arritmico y acompasado a la vez y con los pies fresquitos, pero ya sabemos que todo lo bueno se acaba, así que cuando consideramos que era oportuno volver, nos calzamos y retomamos la ruta. Esto os digo; mis pies iban como nuevos.
Después de hora y media caminando, y ya cuando nos quedaban cuatro escalones para llegar al punto de inicio, voy, y me caigo. No pregunteis cómo, yo supe que me había caído, cuando estaba en el suelo. Así de rápido pasó, que no se si resbalé o me falló la rodilla, o qué sé yo, solo se que de pronto estaba con el culo y toda la espada en el suelo. Sintomas: dolor difuso en la zona posterior-lateral-izquierdo. Sin diagnóstico que cause baja laboral.




video



0 pensamientos externos:

Publicar un comentario

 

Copyright © diario de una fontan. Template created by Volverene from Templates Block
WP by WP Themes Master | Price of Silver